Este paraje en el sur de Manabí es ideal para quienes buscan descanso y belleza natural. En este feriado habrá un festival artístico en la playa.
Mecerse en una hamaca, ver por entre las ramas el azul marino, seguir con la mirada el vuelo de un ave y respirar la fresca brisa, es como un reencuentro con la vida. Es deleite, satisfacción, descanso.
Es aquello que la naturaleza nos brinda, aquello que nos espera en Ayampe, pueblo de unos 300 habitantes que se asienta en un pequeño valle que cae desde la cordillera del mismo nombre a la Ruta del Sol y desemboca en el mar.
A 85 kilómetros de Santa Elena, Ayampe es como el rincón olvidado por los buscadores del descanso y el sosiego. Desde hace tres años comenzó la oferta turística y hoy cuatro hosterías son el imán que poco a poco atrae a más visitantes.
Ayampe es una muestra de biodiversidad. En la parte alta de la montaña está el bosque húmedo, la selva, donde además de frondosos árboles de diverso tipo se encuentran orquídeas, aves como el colibrí y una rica fauna.
El río que dio su nombre a la población abre sus entrañas para caminatas por sus riberas en búsqueda de pozas de agua cristalina.
El mar, antes que ser un atractivo por su playa (afectada por palizadas), es como un cuadro que provoca contemplarlo por horas y horas, pues frente a este sector están los islotes Los Ahorcados, dos elevaciones que se asemejan a unos gemelos que juegan incansablemente con las olas.
Este encanto del sur de Manabí aún es desaprovechado y por eso surgió la idea de promocionarlo, pero con un sentido de conservación.
Hace cuatro años, César Cárdenas, un guayaquileño que se embelesó con este paraje, organizó una exposición artística que gana importancia con el tiempo y que para este año se la denomina Festival de Arte Contemporáneo y Naturaleza Ayampe 2002.
El evento se cumple mañana, con muestras, en un escenario natural, de esculturas hechas con materiales del medio, como madera, caña de guadua o manglar, así como pintura, performances e instalaciones. También habrá conferencias sobre biodiversidad y se presentarán grupos de música y danza.
La idea es promover el manejo sustentable de nuestros recursos naturales y turísticos y llevar la cultura adonde no llega, menciona Cárdenas, quien agrega que el programa permitirá mostrar al Ecuador y al mundo los atractivos, para atraer visitantes y cambiar el estilo de vida de los lugareños, hasta ahora dedicados a la agricultura.
Las hosterías aprovechan todos los recursos del medio. La Finca Punta Ayampe, por ejemplo, es una gran casa hecha de caña y madera en medio del bosque. Desde sus balcones se puede jugar con las ramas de los árboles o ver de cerca un ave.
La hostería La Tortuga tiene cabañas con techos de paja, hamacas en la puerta, senderos con césped, flores, cactus y otras especies vegetales. Similares características poseen La Iguana y Almare.
Pese a que en nuestro país son poco conocidos, estos locales tienen prestigio en el extranjero porque se promocionan en páginas de internet y llegan permanentemente turistas europeos y norteamericanos.
Aquí no hay centros de diversión nocturna, Ayampe es para quienes buscan el descanso, olvidarse del ruido y sentir de cerca el mar, el río, la montaña.