Es la segunda ciudad de Napo. Está en una zona privilegiada de la amazonia. Parte de su selva es virgen.
No es en lo urbano donde Archidona (provincia del Napo) concentra su grandeza.
Las 163 hectáreas de extensión permiten apenas aplacar en algo los urgentes deseos de los visitantes que llegan a conocer esa otra parte del pueblo que tanto atrae: la selva.
De ella se dice que es la primera ciudad fundada por los españoles en la amazonia ecuatoriana (21 de abril de 1560), pero entre sus calles o casas es imposible encontrar los rasgos arquitectónicos de sus orígenes, lo que se observa son veredas adoquinadas con materiales contemporáneos y unas cuantas viviendas construidas en la década del cuarenta en el siglo pasado y que testimonian, eso sí, una gran riqueza maderera.
Pero esas casas con pisos de madera y jardineras a los costados de cada entrada, son las que le dan a Archidona la característica de una ciudad cálida y entrañable, en cuyas calles todos se conocen y se dan los buenos días o las buenas noches al cruzarse en el camino.
Un pueblo de amaneceres claros y costumbres rurales a cuyo costado norte la imagen imponente del volcán Sumaco (3.828 metros) con su cono limpio o coronado de nubes renueva cada día la presencia de lo que es la mayor riqueza de Archidona: la selva.
La vida en el monte
Archidona es solo un punto de partida. Su espacio urbano concentra los servicios básicos de hospedaje, alimentación, buses, oferta de recorridos turísticos por las montañas o por los ríos cercanos.
Y quienes llegan atraídos por la selva se establecen de momento en ella, mientras preparan la salida hacia el bosque o cuando estos recorridos terminan, alistan el regreso a casa.
Pero Archidona es parte de las 205.249 hectáreas –declarada en marzo de 1994 parque nacional Sumaco NapoGaleras–, por lo que es fácil ver en sus calles a los modernos indígenas kichwas de paseo o que hacen compras en el mercado.
Porque tal vez la ciudad no conserve en pie nada de lo que fue la ocupación española en la época colonial, pero sí mucho de una cultura ancestral y forma de vida tradicional indígena que siguen ahí, entre sus gentes, cuya mayor población (el 85%) es precisamente kichwa, de origen y costumbres, herederos de los secretos y misterios de la selva. El resto, son los colonos llegados de diferentes partes del país que conviven con los nativos.
La selva, el atractivo
Cuando la ciudad oferta esparcimiento, este ofrecimiento se sustenta precisamente en ese entorno indómito, exuberante que es la selva y que los ecologistas la reconocen como primaria o virgen.
Las hosterías y agencias de viajes que tienen oficinas en la ciudad ofrecen caminatas por la selva o la práctica de deportes de aventura sobre las turbulentas aguas de los ríos Misahuallí, Hollín, Calmitoyaku, Anzu. Los costos varían según el tipo de actividad, pero van de 30 a 40 dólares por grupos de dos a diez personas.
En los alrededores hay cerca de seis cavernas, pero las más conocidas son las de Jumandi, a 1½ kilómetros del área urbana, y la de Lagarto, a 3 kilómetros. En estos sitios se emprenden largas caminatas bajo senderos subterráneos.
En Archidona hay también un museo, se lo conoce como Museo Mundos Amazónicos. Uno de los atractivos son los petroglifos, que conservan aún rasgos de parte de la grafía indígena. El comercio de artesanía es otra de las opciones urbanas. Varias tiendas ofrecen desde cerbatanas y arcos hasta boas vivas que sirven para la fotografía.