Aproveche el feriado y recorra los renovados atractivos del sector donde nació Guayaquil. Arte, caminatas, bares y restaurantes esperan por usted.
Las fiestas julianas son el pretexto perfecto para recorrer, despacio y sin prisa, el sector donde nació Guayaquil: el barrio Las Peñas, el cerro Santa Ana y el entorno de la plaza Colón.
Desde la calle Loja hacia la colina se inicia una aventura de color y vitalidad. El monumental Malecón 2000 comienza justo aquí, con el Museo Antropológico y de Arte Contemporáneo (MAAC), que es escenario para festivales musicales y otras muestras de la cultura, todo esto junto al caudaloso río Guayas.
Dos antiguos cañones apuntando hacia el río, en el fortín de La Planchada, a la entrada del barrio Las Peñas, nos recuerdan cuando el sitio servía para la defensa de la ciudad.
Enseguida se puede admirar las antiguas casas de madera, con balcones de hierro forjado, que son muestras del Guayaquil de otras épocas, cuando la vida transcurría de manera apacible.
Este sitio es ahora espacio para la cultura y el arte, sobre todo por estas fechas, cuando la Asociación Cultural Las Peñas realiza la exposición anual de pintura y escultura a lo largo de la calle empedrada.
Durante el paseo también pueden sentarse, compartir un café, una cerveza y unos bocadillos en algunos de los bar cafetería que hay en el lugar.
Si terminó la caminata por Las Peñas y quiere continuar, al lado está el remozado cerro Santa Ana, con sus pequeñas y multicolores casas que invitan a tomarse una fotografía.
En esta barriada la Municipalidad realiza un plan de regeneración urbana, que ha permitido incorporarla como atractivo turístico.
El recorrido hasta la cumbre se lo hace por la escalinata Diego Noboa y Arteta, que tiene dos vías, una para subir y otra para bajar. Palmeras, flores y plantas ornamentales completan el diseño arquitectónico de las viviendas.
En los cafés, bares, restaurantes y en las tradicionales carretillas se puede departir con amigos y familiares. En estos locales ofrecen comida típica, hamburguesas, perros calientes, humitas, morocho, muchines, colada morada, cerveza, cocteles. Además, música para todos los gustos. Todo en un ambiente de tranquilidad y orden, bajo la atenta protección de guardias privados.
Desde el primer mirador hay una fabulosa vista del río Guayas, Durán, el puente Rafael Mendoza Avilés o de la Unidad Nacional y parte de Guayaquil.
En uno de los descansos está una gran cruz de piedra con la inscripción: “Aquí se estableció definitivamente la libérrima Santiago de Guayaquil”. Con esto se mantiene la tradición de que efectivamente en este lugar nació la ciudad.
En la cima están el faro, la plaza de armas y la capilla, que se abrirán al público al finalizar este mes.
La tradición marinera y antiguas leyendas cobran vida en los nombres de los callejones laterales a la escalinata Diego Noboa y Arteta.
Así tenemos: de las Carabelas, de los Astilleros, El Laberinto, de las Cuevas, del Tesoro, Bucanero. Es como trasladarse mágicamente al pasado y desde allí contemplar el futuro, en el que está la actual Guayaquil.
Otra opción para pasear es el túnel del cerro Santa Ana, inaugurado el pasado miércoles y que estará abierto al paso peatonal hasta el domingo 28 de julio.
En el Museo del Bombero, ubicado frente al Santa Ana y a un costado del túnel, se aprecia parte de los primeros equipos que usaron los legionarios de la casaca roja para combatir los incendios que asolaron a la urbe.
Arte, cultura, historia y distracción, todo en uno, están al alcance de quienes visiten el barrio Las Peñas, el cerro Santa Ana, el Museo del Bombero y las áreas adyacentes.