Un singular conductor chileno de microbuses que trabaja disfrazado de momia y de otros personajes del cine se ha convertido en toda una atracción en la ciudad de Antofagasta, 1.368 kilómetros al norte de Santiago.
“Hay compadres muy cansados y con los nervios a punto de estallar, y sacarles una sonrisa no cuesta nada”, señala el conductor, Ricardo Mallorca Quispe, para el diario popular La Cuarta.
Relata que en un principio pensaron que “estaba loco, pero poco a poco los pasajeros comprendieron sus intenciones y hoy viajan felices en su vehículo”.