El año pasado estuve en Giverny (Francia), donde el pintor Claude Monet, rey del impresionismo, vivió entre jardines, estanques de agua llenos de nenúfares, puentecitos de madera, miles y miles de flores multicolores.
La inmensa propiedad convertida en museo incluye una cocina donde el artista hizo de las suyas. Coleccionista de recetas que escribía con su puño y letra, creador de platos impresionantes, se unió al grupo selecto de artistas peritos en hornos y hornillas.
El autor de Los Tres Mosqueteros, Alejandro Dumas, nos dejó su enorme libro de cocina donde se encuentran manjares insólitos como las patas de elefantes cocidas durante siete horas al vapor, con jamón, especias de la India, cebollas, oporto; los lomos de avestruz estofados. Nos recuerda que Moisés prohibió el consumo de aquella carne pero que Heliogábalo, emperador romano, se hizo servir trescientas cabezas en una sola cena para saborear los sesos.
La cocina de Monet, con sus paredes embaldosadas de color azul, sus cubiertos de plata, copas de cristal, guarda también los utensilios de lujo como lo eran las ollas y cacerolas de cobre, servilletas de lino, habla de un lugar donde se cocinaron amorosamente platos fabulosos.
Los amigos de Monet cuentan que el pintor era muy buen tenedor, fino gourmet, pero también que tenía grandes caprichos. Para sus invitados: el presidente Clemenceau, los pintores Renoir, Pissarro, él mismo trinchaba en la mesa las aves: pollo, pavo, caza, faisán. Le encantaba el foie gras (hígado graso de ganso) de Estrasburgo. Tenía una verdadera pasión por los pescados de agua dulce que alimentaba en los estanques de sus maravillosos jardines. Poseía un huerto lleno de legumbres de todo tipo, árboles frutales, se moría por las hierbas exóticas, las especias raras. Muchas veces iba en busca de champiñones que abundaban en la región. Los cosechaba al amanecer para que guardasen todo su aroma.
Hablamos de una cocina casera muy sustancial que puede reunir recetas sencillas, otras de extrema dificultad. El pintor sabía que la gastronomía era un arte noble que requería mucha paciencia, mucha dedicación. Joel Robuchon, uno de los mejores chefs actuales de Francia, ha reunido en un libro las recetas favoritas de Monet. Ciertas figuran en la versión original, escritas con pluma en papel amarillento. Es el caso del pollo en mantequilla de cangrejo, el jabalí en salsa de escaramujo, múltiples secretos para saltar champiñones de todo tipo.
La pasión del artista por las trufas habla de una época en que resultaba fácil degustarlas. Cuando pensamos que ahora, la trufa blanca de Alba rebasa los $ 2.500 por kilo, nos quedamos realmente asustados. A Claude Monet, Dumas, Toulouse Lautrec, deberíamos asociar Rossini, otro insigne gourmet, Jean Paul Sartre, renombrado aficionado, Vicente Van Gogh cuya mesa en el Albergue Ravoux, en Auvers sur Oise, espera su visita. Almorzar allá es una experiencia inolvidable. A Vicente le encantaban el estofado de cordero, el vino tinto y el anisado.