Los resultados de las elecciones para el Parlamento Europeo, en que varios gobiernos sufrieron duros reveses, exacerbaron las dudas sobre la posibilidad de que sea aprobada una Constitución de la Unión Europea (UE).
Los ministros de Asuntos Exteriores de la UE se reunieron ayer en Luxemburgo para negociar y redactar la primera Constitución de la entidad y reafirmaron su voluntad de llegar a un acuerdo.
Sin embargo, la última versión del borrador presentada ayer, tampoco suscitó interés, por lo que se cree que deberá ser discutida por los jefes de Estado y de Gobierno, que se reunirán el fin de semana.
La mayor controversia se centra en que el nuevo texto sigue sin mencionar a Dios o al cristianismo, pese a la petición del Vaticano, y de varios estados miembros.
La constitución debe ser ratificada por los 25 miembros de la UE antes de entrar en efecto.
Además de la alta abstención (44,6%), los electores respaldaron a fuerzas políticas que rechazan la integración europea, llamados los euroescépticos, particularmente en Gran Bretaña.
El canciller español Miguel Ángel Moratinos estimó que cuando se apruebe la Carta Magna, el “ciudadano europeo comprenderá que con una Constitución y un marco político nuevo, más eficaz, más democrático, más solidario, se podrá involucrar más en la sociedad europea”.