Preparar la Pascua es prepararnos para cambiar de vida
1.- El mensaje de la Palabra de Dios
Jesús manifiesta su plena humanidad como hombre por su emoción ante la muerte de Lázaro. Y como Hijo de Dios, por su unión y comunión con él, y por la plena sumisión de su voluntad a la del Padre.
Jesús no actúa como un mago, sino que comunica a los hombres, el don supremo de la vida: “Yo soy la verdad y la vida”, rubricando con obras sus palabras.
2.- ¿Qué compromiso nos pide el Señor?
Aceptar el Sacramento del Perdón como un encuentro con Cristo, que nos perdona y nos resucita a una vida nueva.
La resurrección de Lázaro es una estupenda catequesis sobre la Reconciliación. Atar y desatar se refiere al Sacramento de la Reconciliación. El encuentro sacramental con Cristo hace resucitar al pecador-cadáver a una vida nueva.
Un drogadicto, un alcoholizado, o un adicto al juego, moralmente son unos pecadores, pero psicológicamente ¿no son más un cadáver ambulante que una persona viva, libre, capaz de decidir su vida?
Cristo sigue gritando hoy a todos los Lázaros: “Sal de ahí”. Si escuchamos a Cristo y nos ponemos de pie, el cadáver de nuestra vida pasada dejará de apestar a trago y a droga, y saldremos del sepulcro del pasado y empezaremos a caminar en la vida nueva del Resucitado.
La oferta de Cristo esta ahí, al alcance de todos, como un desafío. ¿Seremos capaces de asumirla? ¿Podremos seguir diciendo que creemos en Cristo si no creemos en nosotros mismos, si no somos capaces de decidir nuestra vida, de asumir las faltas y reprogramar nuestra vida?
3.- ¿Cuál es mi respuesta, hoy?
Identificar mi mayor pecado o defecto, para ver si estoy decidido a enfrentarlo, y ver qué voy a hacer para corregirlo.
Ver qué puedo hacer para ayudar a esas personas que dicen: “yo soy así”, “yo no puedo cambiar”, descubrir sus posibilidades para corregir ese defecto.
El Sacramento de la Reconciliación, ¿me compromete a luchar para ser mejor?