A través de ese conocimiento viene el acercamiento, la negociación, el entendimiento, la complicidad, el manejo de los desacuerdos. Cuando ese puente está roto o bloqueado sucede exactamente lo contrario: se agudizan los conflictos, se fortalecen las posiciones opuestas, se dan enfrentamientos innecesarios, se dificulta el entendimiento del otro. surge la separación.
Arturo es un hombre de 52 años, de los cuales ha estado casado 24. Él reconoce que en su matrimonio hay serios problemas de comunicación y desea mejorar su vida de pareja.
“Después de pensarlo mucho he llegado a la conclusión de que no me quiero divorciar, pero la comunicación con mi pareja es un desastre, no nos hablamos, peleamos, no buscamos soluciones juntos, no compartimos juntos, discutimos en todo momento”.
La falta de comunicación mata el amor. Tenemos la falsa idea de que en las parejas mientras más pasa el tiempo mayor compenetración habrá entre ambos y por tanto, habrá más y mejor comunicación. Algunos creen que los que tienen mucho tiempo juntos se lo cuentan todo. Pero no es así. Es más bien lo contrario, en los inicios la comunicación fluye con mayor facilidad, cada uno se muestra más receptivo a escuchar, a no juzgar ni cuestionar. El otro puede decir lo que piensa y lo que siente sin el temor de ser atacado. Pero luego las personas sacan las uñas, es decir muestran su sombra y ahí la cosa se pone difícil.
“Hemos llegado a un punto tal, que yo prefiero hablar con un particular y sé que a ella le pasa lo mismo. Me pregunto cómo fue que llegamos hasta aquí y si de verdad será posible mejorar. Ella es celosa y yo agresivo”.
Cuando analizamos la dinámica que se da en la pareja, vemos que en muchos casos a medida que avanzan en la convivencia tanto el hombre como la mujer muestran aspectos de sí mismos que hasta ese momento eran desconocidos para su compañero o compañera. Empiezan a aparecer claramente los defectos y limitaciones de cada quien, en este caso ella que es desconfiada y celosa ya no se cuida de ocultar sus reacciones. Él, que es inflexible, agresivo y poco amable, se cansó de fingir lo contrario y muestra abiertamente sus defectos. A partir de ese momento cada uno dejó de cuidar al otro y el ambiente se fue volviendo tenso, propicio para los conflictos. Ahora se hace necesario que ambos reconozcan sus fallas y se abran al diálogo para limar asperezas, buscar soluciones. Pero no siempre los miembros de la pareja están en disposición de establecer un canal de comunicación que los acerque de nuevo. Prefieren los juegos de poder. Cuando esto sucede decimos que hay barreras en la comunicación. Veamos:
“En muchos ocasiones nuestros hijos han intervenido y hemos aceptado reunirnos para hablar, pero nos enfrascamos cada uno en demostrar que el otro está equivocado, agredirnos y desahogarnos, dígame qué debo hacer”.
Así no es posible que Arturo y su mujer se encuentren; si de verdad ellos desean establecer una comunicación efectiva deben evitar lo siguiente:
- Sacar a relucir temas del pasado.
- Recurrir a los ataques personales.
- Tratar más de un tema a la vez.
- Dedicarse a ver quién tiene la razón.
- Mantenerse a la defensiva.
- Alterarse, alzar la voz o ponerse a llorar.
Además...
Si la comunicación está muy deteriorada como es el caso que nos ocupa, no es posible restablecerla solo con la buena intención y el deseo de que funcione, en su caso les convendría buscar una persona que tenga experiencia en trabajar con parejas para que les ayude a crear un espacio propicio para el diálogo constructivo. Por suerte en la actualidad hay muchas personas capacitadas para ayudar. Existen sacerdotes, orientadores, psicólogos, trabajadores sociales, pastores y psiquiatras que saben cómo hacerlo.
Entonces...
Le quiero recomendar a esta pareja que lean La Última Oportunidad del escritor Carlos Cuauhtémoc Sánchez. También decirles que para que el diálogo entre ellos dé buenos resultados, deben existir algunas condiciones tales como por ejemplo:
- Que cada uno acepte al otro tal como es y no quiera cambiarlo.
- Que hagan énfasis en los puntos en común y no en lo que los separa.
- Que tanto él como ella estén enfocados en lo que pueden aportar para que las cosas mejoren.
- Dejar de lado la demanda.
- No buscar culpables.
- Sobre todo, procurar primero comprender y luego ser comprendido.