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Edición del DOMINGO 13 de Marzo del 2005 EL UNIVERSO inicio e-mail
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De las cartas perfumadas al chateo
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Los mensajes que el corazón escribe a su pareja contienen las sensaciones más profundas de la persona y la desnudez más extrema del alma. Los tiempos han cambiado en cómo los enviamos, pero lo que nunca debería alterarse es el sentimiento que expresamos en esas letras.

El amor nació entre Alfonso y Nancy de manera imprevista, espontánea, casi divina, a pesar de que la familia de ella se opuso a la relación porque el pretendiente de la engreída de la casa era veinte años mayor. ¿Y cuál era el problema?, se preguntaba la pareja enamorada, que entre encuentros secretos y felices, tan solo para hablarse, mirarse y tomarse de mano, asomaban espacios de tiempo que no podían ser desperdiciados a pesar de la distancia, y que brindaban las horas perfectas para amarse por escrito.

“Guayaquil, 9 de octubre de 1972 / Srta. Nancy Toledo / Ciudad / Nancy dulcísima: Cuando leas esta carta estarás leyendo sencillamente mi corazón. Tú sabes que el corazón se abre a aquella persona a quien se elige una sola vez y para siempre en la vida. Esa persona eres tú, Nancy, reina y dueña mía (…). Haberte conocido sin pensarlo, haberte encontrado a esta altura de mis años y amarte son unas de mis experiencias vitales más puras y maravillosas. Quisiera que otro tanto pudieras tú decir de mí. En todo caso aspiro a vivir, a superarme, a hacerme digno de ti, cada día más. Mi felicidad será hacer la tuya y edificar tu gozo y tu sonrisa cada hora. Te ruego que nunca dudes de mis sentimientos hacia ti. En realidad son más que sentimientos: son el fondo mismo de mi ser. Permíteme suscribirme, te lo ruego, cariñosamente. / Siempre tuyo, Alfonso”.

Letras así llegaban a los ojos de la veinteañera Nancy de parte de Alfonso por cualquier pretexto: cuando ella salía de viaje, para darle las buenas noches o los buenos días, para agradecerle por una sonrisa, para decirle que la pensaba cada día o para recibirla cuando ella regresaba de su empleo como profesora de inglés en un colegio secundario...

“Guayaquil, 28 de noviembre de 1972 / Nancy, reina mía: Quisiera que cada vez que vuelvas de tu trabajo, como ahora, encontraras en la puerta a mis palabras esperándote para saludarte y decirte lo que solo es para ti: ¡te amo, te adoro! Yo quisiera hacer de tu amor mi suprema inspiración para realizarme como hombre según los planes de Dios. Una palabra tuya, un beso tuyo, una mirada cariñosa me ayudarán más que todos los elogios del mundo a ser mejor cada día. Tú sabes, como yo, que tengo muchas fallas en todo sentido y disto mucho de ser una persona ideal. Sé que me comprenderás y me ayudarás siempre. No olvides que para mi felicidad te necesito solo a ti con toda mi alma. / Siempre tuyo, Alfonso.”

Resultados eficaces
Hoy tales cartas aparecen como trofeos de amor que la pareja suele mostrarles a sus dos hijos, Carlos, de 25 años, y Lorena, de 23. “Escribir sobre mis sentimientos era algo natural, sincero, un deseo urgente que me ayudaba a mostrar lo que mi corazón sentía y siente por mi ahora esposa”, confiesa Alfonso sobre esta costumbre alimentada por su amor a la literatura y a la poesía, mientras que Nancy, hoy de 53 años, afirma que con esas cartas de antaño “me hicieron conocer el amor verdadero y la felicidad”.

Tal es el poder de una carta escrita con el corazón. Sin embargo, su hija Lorena lamenta que esas misivas “de antaño” ya no son tan comunes en estos tiempos, “porque los chicos ignoran que unas letras sobre el papel pueden ser la mejor manera de declarar tu amor y confesar tus sentimientos”, dice esta chica agregando que incluso frases simples como “me gustas, me atraes, he pensado en ti o te quiero” escritas en una hoja en blanco pueden encender o alimentar al fuego de una relación.

Amor electrónico
La hermosa Lorena se lamenta nunca haber recibido una carta similar a las que su padre le escribía a su madre; sin embargo, muestra con orgullo y cariño los mensajitos que su enamorado le ha enviado por teléfono: “Regálame 2 segundos para ver tus ojos, 15 minutos para besar tus labios, 1 hora para estar contigo y toda una vida para amarte”, “los tesoros existen, búscalos, lo aprendí un día que buscando tesoros te encontré a ti” y un emoticón (dibujo con los caracteres del teléfono) de un perrito que abraza un corazón junto a una frase que dice “solo aparecí para decirte que te quiero”.

¿Será que la pantalla del celular ha reemplazado a las hojas perfumadas de las cartas románticas? Jorge es un estudiante de Medicina de 24 años que afirma que talvez, porque hace mucho tiempo que no escribe en un papel sus sentimientos, aunque todas las noches suele chatear con su enamorada para decirle que la quiere y desearle las buenas noches. “Por escrito (en el celular) podemos ser más sinceros, más románticos”, y también más directos. “Antes le escribías todo un discurso a tu pelada para enamorarla, ahora basta con mandarle un mensaje corto con TQM (abreviaturas para “te quiero mucho”)”, explica este joven que en relaciones anteriores solía regalar a sus parejas tarjetas de plástico con mensajes románticos.

– ¿Alguna vez has escrito una carta con tu puño y letra?

– Escribí varias en la época del colegio, porque la mamá de mi ex enamorada no aceptaba nuestra relación. Entonces yo le hacía llegar mis cartas con una amiga en común, y ella me enviaba algunas que todavía guardo; son el mejor recuerdo de mi adolescencia.

Y con esa respuesta los ojos de Jorge se iluminan al recordar esas cartas que guarda con cariño en el cajón de su velador, y que con el tiempo fueron reemplazadas por mensajes electrónicos o por algún e-mail semanal que le escribe a su actual enamorada cuando se levanta por las madrugadas. ¿La tecnología nos ha vuelto menos románticos? Cada quien tendrá su propia respuesta; esa conclusión nos deja el más reciente e-mail que Jorge envió a su pareja... y que aún guarda en su computadora.

“Mi vida, son las 05h26 y adivina en quién estoy pensando. No puedo esperar a que amanezca, que despiertes de tu dulce sueño para escuchar tu voz al otro lado del teléfono y darte los buenos días. Por eso consuelo mis ansias al escribirte este e-mail que muy pronto estará acompañándote (…). Mi vida, son las 05h46 y adivina en quién estoy pensando. Pronto amanecerá y tendremos un día más para seguir conociéndonos, para poder entendernos mejor y para resolver esas diferencias que a veces amenazan con separarnos. Solo nosotros podremos decidir si este cariño vale la pena. Yo creo que sí. ¿Qué piensas tú? (…) Mi vida, son las 06h02 y adivina en quién estoy pensando. Veo por mi ventana los colores de un cielo que comienza a encenderse y pienso que pronto podré llamarte y decirte que este e-mail está esperando por ti en tu casillero de correo electrónico.
Te deseo lo mejor en este nuevo día, en el que espero acompañarte a través de mis mensajitos a tu celular, solo para recordarte que te quiero y que pienso en ti… siempre. Un beso, Jorge. PS: Mi vida, son las 06h23 y adivina en quién estoy pensando”. (M.P.)


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