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Los días de diciembre del 2004 hasta la fecha se han vuelto turbios y han enrarecido de tal forma el aire que cuesta respirar a pleno pulmón; el tsunami asiático nos redujo a pigmeos enfrentados a los caprichos de la naturaleza y nuestro tsunami político criollo de la madrugada del 9 de diciembre arrasó con el respeto que debemos a nuestra Constitución vigente; desde esa aciaga madrugada hemos injuriado y maltratado al Presidente de la República quien, a su vez, ha injuriado y maltratado al pueblo ecuatoriano. Si las aguas deben volver a su cauce que no sea al mismo lecho donde duermen rencillas y rencores, triquiñuelas y sapadas; que sea a un cauce limpio y consistente, con aguas puras y refrescantes, donde todos los ecuatorianos de buena voluntad podamos beber sorbos de democracia y libertad.
Pero, amigas y amigos, si atravesamos por esta noche larga y penosa, esto no es motivo determinante para que nuestro ánimo se deprima y nos sintamos perseguidos por una “mala racha” o nos postremos porque tenemos una suerte de a perro; no, no y no... Precisamente ahora es cuando debemos ser positivos, mejorar nuestra autoestima y no desperdiciar instante alguno para vivir a plenitud nuestras vidas. Espero que la siguiente reflexión que comparto con ustedes, que no es de cuño propio, nos sirva en este intento:
“Si tienes comida en la nevera, ropa para cubrirte, un techo sobre la cabeza y un sitio donde dormir, eres más rico que el 75% de las personas de este mundo; si tienes dinero en el banco, en tu cartera o guardas cambio en un plato, vasija o algún otro sitio, estás entre el 8% de las personas con fortuna en el mundo.
“Si te levantaste esta mañana con más salud que enfermedad, eres más bendito que el millón de personas que no sobrevivirán esta semana; si nunca has experimentado el peligro de la batalla, la soledad del encierro, la agonía de la tortura o las convulsiones de la hambruna, estás por encima de 500 millones de personas en el mundo; si puedes ir a un templo sin miedo a persecución, arresto, tortura o muerte, tienes más bendiciones que 3 billones de personas en el mundo.
“Si tus padres aún viven, da gracias a Dios y considérate afortunado; si puedes sostener la mano de alguien, darle un abrazo y conversar con él, siéntete feliz; si alguien llama a tu teléfono o te visita un día, muéstrate contento porque te comunicas con otro ser que posiblemente necesita tu comprensión, tu ayuda o simplemente que le escuches”.
Es cierto que en la vida conocemos alabanzas y reproches, salud y enfermedades, alegrías y tristezas, ingratitudes y reconocimientos, trabajos y descanso, halagos y menosprecios, motivaciones y desalientos; de nosotros depende que todo aquello se convierta en lastre o trampolín, pues siendo realidades que un momento dado están cerca de nuestras existencias, nosotros las convertimos en peso y en carga o las transformamos en aguijón y acicate que transforma lo doloroso o negativo en fuerza transformadora. Recordemos que la suerte no existe, solo nosotros somos responsables de la conducción de nuestra propia barca. |