“El Mundial de 1990 cambió mi vida. Me permitió darme a conocer fuera de de Italia y ser reconocido en el mundo del fútbol”, dice Salvatore Schillaci, artillero de ese certamen.
Nacido en Palermo (1 de junio de 1964), Schillaci se tornó súbitamente, con sus goles, en el salvador de la nación.
Sus conquistas electrizantes conmocionaron a Italia, pese que llegó a la selección azurra como el último convocado y con la suplencia asegurada.
El desertor escolar, con un pasado de hurto de artículos pequeños en su infancia, no desaprovechó la oportunidad que tuvo ante Austria, el 9 de junio de 1990.
Sustituyó a Andrea Carnevale a los 78 minutos. El siciliano marcó el tanto de la victoria (1-0). Nunca regresó a la banca y siguió anotando.
Checoslovaquia, Uruguay, Irlanda, Argentina e Inglaterra sufrieron su fiereza ofensiva.
Jugó en el Messina, Juventus e Inter de Milán. Se retiró en el Júbilo Iwata japonés, en 1999. Actualmente es comentarista de la RAI (televisión italiana) y tiene una escuela de fútbol en su natal Palermo.