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Hasta jarabes inspiran nombres en Manabí

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Febrero 19, 2006

Texto: Xavier Ramos | Fotos: José Alvarado y Xavier Ramos

Querido Ecuador,  Inda,  Auristela Persifone, Mar Pacífico y Ángel Gaduol hablan de lo que ha significado para ellos llevar un nombre poco común. Esa costumbre, afincada especialmente en parroquias rurales de Manabí, desaparecerá con los adultos actuales, ya que desde hace   28 años está prohibido emplear  palabras extravagantes en inscripciones.

Gaduol es el nombre de un elixir expectorante, según la presentación de este jarabe para la tos. Es, también, el segundo nombre de Ángel Gaduol Zambrano Zambrano, de 66 años, habitante  de Convento, una parroquia  manabita que se  ha convertido en el último reducto de los nombres inusuales, junto a localidades rurales cercanas.

Otro ejemplo es Querido Ecuador Flores Valga Álava (69). Cuenta que su padre lo llamó así porque al nacer "era tan feo, que me puso un nombre bonito para que me quieran por obligación".

Los nombres curiosos desaparecen con los adultos de hoy, ya que la ley prohíbe el uso de palabras extravag

La cocina rodeada de paredes de caña le sirvió de escondite  a Inda Esperanza Zambrano Rengifo, de 57 años,   cuando técnicos del Instituto Nacional de Desarrollo Agrario, cuya sigla coincide con su nombre,  llegaron hace siete años a la parroquia rural chonense de Convento, en el norte de Manabí.

Ella, que hasta ese momento desconocía la existencia de la institución, creyó que se la llevarían presa, por tener como nombre  esa sigla y no haber legalizado sus tierras. "Yo lo único que hice fue quedarme en mi cocina toda la mañana por temor a que me llevaran", cuenta  mientras abre sus ojos al máximo.

Aquella fue  la vez que Inda se arrepintió de tener ese nombre, aunque los técnicos no  se acercaron a su vivienda levantada sobre una tierra fangosa rodeada de árboles maderables, frutales y cultivos. "Después me dijeron (amigos y vecinos) que no importa que me llamara así, que no me iban a meter presa, pero yo prefiero  que me llamen Esperanza", relata al tiempo que  echa agua a un balde en su peculiar lavadero de piedra y  yeso.

Zambrano es solo una de las decenas de personas que  tienen nombres poco comunes en Convento, conocida como la cuna de este fenómeno. El presidente de la Junta Parroquial, Mauricio Zambrano, tiene  una lista de los moradores de  ese sitio que muestra con orgullo a  quienes llegan hasta  allí interesados en el tema, para que  encuentren los nombres más extravagantes.

El funcionario reconoce que  la particularidad de los nombres raros se  extiende a  toda la provincia de Manabí. Un ejemplo de ello es Querido Ecuador Flores de Valga Álava, de Eloy Alfaro, la parroquia vecina de Convento. Él obtuvo el vicecampeonato en un concurso de nombres raros organizado en  1980 por la revista Vistazo. El primer lugar de  esa disputa lo alcanzó Semen de los Dioses Basurto Quejada, oriundo del cantón Jipijapa, en el sur de la provincia.

Flores, un campesino de  69 años que posee diez cabezas de ganado, explica las razones que tuvo su padre para llamarle Querido Ecuador. "Mi papá me dijo que cuando nací parecía mono, era tan feo que me puso un nombre bonito para que me quieran por obligación".

A Querido Ecuador le toca enseñar su cédula de identidad para que los recepcionistas de los hoteles le crean que se llama así. "Me han dicho mentiroso y se ríen a carcajadas en mi cara cuando lo digo, sobre todo en Guayaquil o en el Oriente donde he ido por trabajo", expresa mientras sonríe y agacha su mirada para retirar una mosca que merodea su bota.

Estos nombres se unen a otros como Obras Portuarias Sánchez, Conflicto Internacional Loor, Perfecta Circuncisión Hidalgo, Martes Trece Santana, Alí Baba Cárdenas, Victoria Apretada Obregón Carrera o Eveready Pilar Valencia Changa. Todos tienen más de  28 años, pues el hábito de inscribir a los hijos con nombres poco comunes se ha dejado de lado desde  1978 cuando rige el artículo  78 de la Ley de Registro Civil y Cedulación, que  prohíbe "emplear en la inscripción de un nacimiento nombres que constituyan palabras extravagantes, ridículas o que denigren la personalidad humana o que  expresen cosas o nociones, a menos que su uso como nombres se hubiere consagrado tradicionalmente".

En el caso de Auristela Persifone Bravo Aveiga, su bisabuela abrió el diccionario Bristol que los campesinos compraban para ver fechas importantes, el comportamiento de la luna y el santoral y allí, en alguna parte, estaban esos nombres, así que dijo en el Registro Civil que se los pusieran.

Ella, de 57 años, posee un local comercial en los alrededores de la plazoleta Central de Convento, donde  el tiempo pasa lentamente como los mulares que se deslizan despacio sobre una masa de lodo por la carga que llevan en su lomo.

Querido Ecuador coincide con doña Persi, como la llaman en Convento. Dice que  en la década del setenta la mayoría de gente de  ese sector era analfabeta, por eso acudían al Registro Civil con el libro Bristol, abrían una página y señalaban las palabras con que querían llamar a sus hijos.

Sus hermanos Caviria y Adolfo Hitler Flores de Valga Álava, el último un ex presidente de la Corte Superior de Justicia de Portoviejo, son otros nombres con los que el patriarca de  esta familia, Pascacio Vladimiro, bautizó a sus hijos.

Querido Ecuador intentó mantener esta tradición bautizando a sus nietos con nombres raros pero  los funcionarios del Registro Civil  no se lo permitieron. El jefe de  esa entidad en Chone,  Héctor García,  comenta que no son pocos los casos de padres provenientes de la zona rural que quieren identificar a sus hijos con palabras extravagantes pero "les decimos que la ley lo prohíbe".

Otro  fue Cristóforo Eliz Vélez Pino, de 63 años,  quien quiso llamar a su nieto igual que  él  para que prosiguiera de generación en generación. "Solo me lo aceptaron como segundo", manifiesta este hombre de contextura gruesa que posee una ferretería y vive en Convento.

"La tradición de poner nombres raros se irá con la muerte de los ancianos y cuarentones que los llevan, y eso es lamentable", se queja algo resignado el  presidente de la Junta Parroquial de Convento.

Cabildo Abierto Guzmán, Cadena Perpetua Vásquez, Cristóbal Colón Mero, Himno Nacional Salgado, Amor de mi Vida Santana y Gervasio Tosciteu de la Trinidad Mendoza Fleischer son otros habitantes de algunos de  los  37 recintos que hay en Convento, una parroquia donde viven siete mil personas.

Los elementos de la naturaleza también son parte de la amalgama de nombres con que los padres del campo manabita bautizaban a sus hijos. Mar Pacífico Cedeño Andrade, un historiador y escritor choneño de  51 años,  es un ejemplo de esta tendencia.

Su progenitor, Abraham Cedeño, identificó a sus hijos con nombres como Zoila Estrella, Cielo Rocío y Lucero del Cielo. "Mi papá era amante del espacio sideral y de la naturaleza,  por eso nos identificó así. Él pensaba que los nombres de las personas debían ser exclusivos y yo también lo creo", comenta Cedeño, quien ha escrito tres libros sobre las tradiciones y la cultura montubia de la campiña choneña.

Un supuesto milagro indujo a una madre a ponerle el nombre de un remedio a su primogénito Ángel Gaduol Zambrano Zambrano, quien tiene 66 años.

Él labora como obrero  en el Municipio de Chone y reside en el barrio Los Almendros. Cuenta que su madre le dijo que cuando tenía seis meses adolecía de una aguda tos y un boticario del cantón Calceta le recetó  el remedio Gaduol Compuesto.

"Fue ahí cuando mi mamá juró ponerme Ángel más el nombre del remedio si es que me curaba, y aquí estoy", enfatiza.

Al ir a  inscribirlo, la madre de Ángel llevó el frasco y "le señaló al funcionario del Registro Civil el nombre del remedio que me salvó la vida".


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