La Iglesia Católica del Ecuador se apresta a recibir la canonización de la Beata de Nobol, para lo cual restan dos etapas, una es la evaluación de los teólogos y cardenales del Vaticano. Analistas cuestionan la creación de santos para aumentar la religiosidad.
Ecuador conoció la futura canonización de Narcisa de Jesús Martillo Morán, 137 años después de su muerte y a los 13 de su beatificación, que se dio el 25 de octubre de 1992.
La notificación, que está fechada el 13 de febrero y llegó a la Arquidiócesis de Guayaquil por correo regular desde Italia, indica que la Consulta Médica del Vaticano comprobó y atribuyó un segundo milagro -ocurrido el 26 de mayo de 1994- a la beata.
Ese era el punto fundamental dentro del proceso de la santificación. Pero aún restan dos etapas: el análisis de teólogos y cardenales y después la certificación del Papa Benedicto XVI.
Los científicos de la Iglesia en el Vaticano, por decisión unánime (cinco votos de cinco posibles), concluyeron en que la sanación de la niña Edermina Arellano Plúas (hoy de 20 años), quien nació con su órgano genital oculto, fue un hecho sobrenatural. “Se hizo por intercesión de la beata, invocada por su madre y por ella, que a los 9 años estaba consciente de lo que sucedía en su vida”, dice Antonio Arregui, arzobispo de Guayaquil.
Para él la futura canonización conviene pastoralmente, pues se consigue un mayor acercamiento de feligreses a Jesús.
Fernando Balseca, historiador ecuatoriano y profesor de la Universidad Andina Simón Bolívar, de Quito, critica que la Iglesia Católica intente aumentar la religiosidad de sus feligreses con la presencia de más santos.
Para el historiador José Antonio Gómez, “aunque la Iglesia diga que la canonización de Narcisa es justa, es la creencia de las personas lo que acaba imponiendo las figuras de santos”.
Explica que el futuro “ascenso (de la beata) se debe a la presión de una sociedad que cree en ella y que le atribuye los milagros”.
El proceso de la santificación comenzó el 27 de junio de 1955 cuando fue trasladada a la iglesia San José, dos meses después de haber sido traída de Perú. Monseñor César Mosquera designó la causa de santificación al padre Luis Mancero, quien había gestionado la canonización de Santa Marianita de Jesús en 1950, según monseñor Roberto Pazmiño. En 1961 se constituyó el Tribunal Diocesano que estudió el caso de la futura santa.
Como consta en varios libros que cuentan la vida de la beata, el cuerpo fue traído al país el 30 de abril de 1955 desde Lima, donde había fallecido el 8 de diciembre de 1869. Primero estuvo en la iglesia del Santísimo Sacramento y después en la de San José (ambas en el centro de Guayaquil), hasta el 6 de diciembre de 1972, en que fue llevado al cantón donde nació en 1832.
Hoy sus restos permanecen en una urna funeraria del Santuario de Nobol. Una comisión integrada por cuatro médicos (Ricardo Carbo, Ángel Caicedo, Colón Núñez y Arturo Valero) determinó, en 1983, que el cadáver permanece incorrupto. El grupo fue conformado por el propio arzobispo de Guayaquil, monseñor Bernardino Echeverría Ruiz (+).
Hoy al santuario de esa localidad acuden cientos de personas de diferentes partes del país. Enfermos, hombres y mujeres, solas o con sus esposos, madres con hijos en brazos o tomados de la manos y familias enteras.
También hay los que llegan desde el exterior. Uno de ellos es José Ortiz, quien dejó su casa en Pedro Carbo hace cinco años y vive en Málaga, España, desde donde vino para ofrecerle ocho misas. El miércoles pasado, oraba de rodillas ante su altar.
Muy cerca de él una mujer pedía “suerte” a la beata en su nueva vida en Guayaquil. Era la abogada Vilma Molina, quien después de 32 años de residir en Quito decidió cambiarse de ciudad para acompañar a su hermana, tras la muerte de su madre.
El sociólogo Rafael Quintero mide el fenómeno de devoción a Narcisa de Jesús como un hecho importante localmente, pero cree que no tiene el mismo efecto en todos los sectores del Ecuador. Eso lo atribuye a que este “es un país con muchas fragmentaciones regionales”.
Narcisa de Jesús alcanzó la beatificación el 25 de octubre de 1992, después de que la Santa Sede consideró un milagro la sanación de cáncer del agricultor Juan Bautista Pesántez, ocurrida en noviembre de 1967.
Los autores de la bibliografía de Narcisa de Jesús, entre ellos monseñor Pazmiño, vicepostulador de la causa de la canonización de la beata, relatan otros milagros, como la sanación de la niña Ana Pomar, ocurridos en Lima después de su muerte, los que fueron un precedente para que sus familiares y la Iglesia trajeran sus restos.
El historiador Balseca asegura que la Iglesia Católica sigue creando santos a base de confirmación de milagros y considera que lo adecuado sería profundizar en la obra encaminada hacia la doctrina social en Ecuador.
Aparte del proceso de Narcisa de Jesús, este país actualmente tramita trece causas de beatificaciones y canonización en el Vaticano, entre los que están los de Mercedes de Jesús Molina, Julio María Matovelle, Juan María Riera, Ángela Muñoz Moral, José María Checa y Barba, José María de Jesús Yerovi y Pintado y Alejandro Labaka Ugarte.
“...la votación en la consulta médica ha sido unánime (5 votos favorables de 5)... consideramos la sanación como un hecho imprevisto, completo, duradero y científicamente inexplicable”.
Francesco M. Ricci
Secretario de Postulaciones
del Vaticano
“Narcisa de Jesús es un hito de la cultura popular del Ecuador. Según la Iglesia su canonización es justa, pero más bien creo que es la creencia de las personas la que acaba imponiendo las figuras de la Iglesia”.
José Antonio Gómez
Historiador
“En un país fragmentado como Ecuador todo seguirá igual. Por ejemplo, a la sociedad quiteña le va a importar menos que se santifique a una persona de Nobol, como ocurre con Narcisa de Jesús”.
Rafael Quintero
Sociólogo