Es el primer miércoles de abril. Unos minutos después de las nueve llega a una clínica de cirugía estética de Guayaquil una señora de más de sesenta años. Ella muestra un poco de nerviosismo, porque está sola. Sube a una habitación y descansa por algo más de media hora. Después de ese tiempo entra a un quirófano. Ahí la mujer de 61 años se va a hacer un aumento de las mamas, las que un tiempo atrás se había levantado un poco. La siguiente es una cronología de cómo se hizo el implante en sus pechos:
10h05: Tres cirujanos, dos enfermeras y un anestesiólogo la reciben en el quirófano de la clínica. Ahí lo primero que le hacen es rayar con un marcador especial la zona que será intervenida. Con líneas de puntos se marca el redondel de ambas mamas. Otras, en cambio, señalan la parte donde se hará el corte. Será en el mismo lugar, abajo de la areola, donde años atrás le cortaron para levantar el busto.
10h08: Una de las enfermeras le pone un suero de solución salina. De inmediato un anestesiólogo comienza a aplicarle tres tipos de sedantes, con los que la señora de a poco cierra sus ojos y en cuatro minutos se queda profundamente dormida.
10h10: Los cirujanos le administran anestesia local en ambos senos. Eso le da al anestesiólogo la posibilidad de reducir la cantidad de medicina que normalmente se suministra para sedar. Largas agujas entran por diferentes partes de las mamas. Entre dormida y despierta dice “ay” una y otra vez o frunce el ceño, y aún mueve el brazo derecho.
10h25: Con bisturí en mano dos cirujanos hacen el corte en la parte inferior de ambos senos. De inmediato aflora la grasa de las glándulas mamarias y un poco de sangre mancha sus guantes. Un “ay” de la paciente lleva al anestesiólogo a asistirla (suministrándole oxígeno puro) con una mascarilla. Este método, que le permite a la paciente oxigenarse bien en el momento en que su aparato respiratorio entra en cierta depresión, se repite varias veces en la cirugía.
10h35: Se da paso al que puede ser el instante más doloroso para la paciente: la separación de las glándulas mamarias del pecho. Lo dicen sus gestos y leves quejidos, ante los cuales se le aplica un poco más de anestesia.
10h40: Los médicos introducen sus dedos por el orificio de más de tres centímetros que crearon, porque las glándulas mamarias deberán quedar encima del implante con 350 centímetros cúbicos de agua salina, que la paciente pidió para que sus pechos alcancen una talla superior a la 38; antes tenía menos de 32. El esfuerzo de los médicos es notorio. Sus rostros se tornan rojos y comienzan a sudar.
10h43: Un cirujano saca de su empaque los implantes. Hasta ese momento están vacíos, sus colegas secan el interior de las mamas. No debe quedar nada húmedo ni tampoco las glándulas mamarias pegadas al lugar en el que pondrán los implantes.
10h45: Todo en el interior de los pechos está seco y listo para colocar los implantes. Dos cirujanos los introducen al mismo tiempo. Afuera solo quedan dos finas mangueras por las que entrará la solución salina, que de inmediato se coloca con dos gruesas jeringuillas. En pocos minutos los senos comienzan a crecer. Lo que 45 minutos antes era un pecho pequeño que se notaba poco cuando ella estaba acostada, ahora le tapaba el rostro si la miraban desde los pies.
10h50: Se retiran las dos mangueras y en el interior los implantes quedan sellados para que la solución salina no escape. Después llegó el instante de la sutura de ambas heridas. Veinte minutos más tarde la señora pasa a una sala de recuperación.