Dale Chihuly es tal vez el artista del vidrio más exitoso del mundo. Cuenta a Bill Gates y Bill Clinton entre sus clientes y sus elaboradas instalaciones de jardines oceánicos y grupos florales demuestran que la arena común y corriente transformada por el fuego puede elevar el techo de un casino al nivel de un espectáculo digno de una galería de arte.
Chihuly se encuentra inmerso en una querella en un tribunal federal de Seattle relativa a la singularidad de sus creaciones y, de forma más fundamental, a la pregunta de quién es dueño de la expresión artística en el mundo del arte en vidrio.
Chihuly ha demandado por violación de derechos de autor a dos sopladores de vidrio, entre ellos un colaborador suyo de muchos años, a los que acusa de imitar sus emblemáticas creaciones asimétricas, así como otros diseños inspirados por el mar.
Los sopladores de vidrio alegan que Chihuly trata de controlar conjuntos de formas, estilos y colores y que su marca no se extiende a técnicas antiguas y cambiantes derivadas de la naturaleza.
“El simple hecho de que él se inspiró en el mar no significa que nadie más pueda utilizar el mar para crear arte en vidrio”, indicó Bryan Rubino, un ex colega mencionado en la demanda y que trabajó como contratista o empleado de Chihuly durante catorce años. “En todo caso, la naturaleza debería demandar a Dale Chihuly”.
Los dos sopladores de vidrio indican que Chihuly tiene muy poco que ver con gran parte de la producción artística y que a veces compra objetos a los que da el nombre de Chihuly, algo que el artista niega rotundamente.
Admite que hace 27 años que no soplar vidrio, a causa de heridas sufridas en dos accidentes. Sin embargo, indicó, trabaja con bosquejos, faxes y a través de exhortaciones. Agregó que nada que lleva su nombre procedió jamás de alguien que no fuera él.
Andrew Page, director editorial de Glass: The Urban Glass Art Quarterly (Vidrio: Revista trimestral de arte urbano en vidrio), publicada en Nueva York, indicó que Chihuly merecía o un lugar distinguido en el panteón de los artistas en vidrio, pero que la demanda podría dañar su reputación al suscitar contrademandas y dar información sobre la forma en que un artista famoso trabaja a gran escala.
“Creo que Dale Chihuly es un original puro”, expresó Page. “Tiene un tremendo sentido del color y de la composición. Y ha hecho muchísimo por su campo artístico, pero esta demanda puede ser la peor cosa que haya hecho”.
Chihuly, de 64 años, trabaja en un oscuro cobertizo para lanchas a orillas del Lago Union. Tiene 93 empleados, integrantes de una verdadera fábrica de bellas artes llamada Chihuly Inc. Cuando famosos como Robin Williams o Colin Powell visitan Seattle, el cobertizo es a menudo la única escala que quieren hacer.
“Esta demanda no es cuestión de dinero”, indicó Chihuly. “Es un asunto de justicia. Hay un millón de formas que puedes crear y que no se parecen a las mías”.
En 2003, en un caso de violación de derecho de autor relativo al arte en vidrio, el Tribunal de Apelaciones Estadounidense del Noveno Circuito se pronunció en San Francisco contra un artista que alegaba que otro artista había copiado su diseño de una medusa encerrada en vidrio. Ambos diseños eran similares, pero el tribunal determinó que el derecho de autor no podía aplicarse a un elemento de la naturaleza.
Una pregunta que la demanda deja sin respuesta es por qué Rubino y Chihuly se enfrentaron con tanta saña. Todos los reportes coinciden en que colaboraron estrechamente durante casi 20 años en los principales proyectos de Chihuly, una relación semejante a las uniones observadas a lo largo de la historia entre maestros y los artesanos encargados de concretar su obra.
En documentos presentados ante el tribunal, abogados de los artistas en vidrio escribieron que Chihuly le pedía “a menudo a Rubino que creara algo que Dale Chihuly pudiera revisar y adquirir para Chihuly Inc”.
“Chihuly no es la fuente de inspiración de un número sustancial de obras de arte en vidrio que llevan la marca Chihuly”, escribieron.
Por su parte, Chihuly calificó a Rubino de un soplador de vidrio que trabaja alrededor de un horno de acuerdo a las instrucciones de un artista. Al pedirle que evaluara a Rubino, Chihuly contestó que “era un excelente artesano” con poca visión propia. “¿Cree que alguna vez dejaría que Rubino decidiera la forma que tomaría algo?”, preguntó Chihuly.
Scott Wakefield, abogado de Rubino, dijo que, en esencia, Chihuly buscaba obtener un monopolio sobre un enorme campo artístico.
“Si el primer hombre que pintó a la Madona con el Niño hubiera tratado de imponer un derecho de autor sobre ella”, indicó Wakefield, “la mitad del Louvre estaría vacía”.