Si un hijo menor nos pidiera que le permitiéramos salir solo a recorrer el mundo con carta abierta para conocer todo lo que se encuentre en el camino, desde los lugares más hermosos hasta las realidades más deplorables, no dudaríamos en decirle que no.
Asimismo, tampoco permitiríamos que un hijo preadolescente tuviera a su disposición una videoteca de pornografía que incluya hasta las más grotescas experiencias sexuales mostradas en forma explícita.
Sin embargo, hoy los niños tienen acceso inmediato a lo uno y a lo otro a lo largo y ancho del ciberespacio, a través de internet. Si bien es cierto que la red es un adelanto que ofrece grandes posibilidades de aprendizaje, investigación y comunicación con todo el planeta, es a su vez un mecanismo que puede ser peligroso, porque puede verlo todo el que se conecta, cualquiera que sea su edad o condición, y sin censura.
Además de lo anterior, otro peligro de internet es que despierta un desmedido deseo de vivir conectados, lo que desalienta las relaciones de los niños con personas conocidas y estimula las relaciones con extraños, privándolos del contacto humano que les ofrecen las personas “de carne y hueso”.
En los grupos sociales tradicionales, conformados por sus amigos, familiares o compañeros, los niños son parte integral de los mismos y cada uno tiene un lugar importante en ellos. Todo lo que hacen afecta a los demás, por lo cual la decencia y el trato amable son fundamentales, estimulándolos a desarrollar buenos modales y a establecer vínculos de afecto basados en el respeto, que los enriquecen emocionalmente.
Pero en la comunidad electrónica se desconoce al interlocutor y a menudo ni siquiera se sabe su nombre, solo el alias con que se conecta. La relación es impersonal y cualquier conflicto se resuelve al presionar una tecla. Por lo tanto, los vínculos son frágiles y en general carentes de un sentimiento y compromiso significativo, lo que genera inseguridad y ansiedad en los menores.
Internet es una realidad de la que no podemos abstraer a los hijos y que además les puede proporcionar grandes beneficios y oportunidades. Pero hay que controlarla, porque a través de la misma pueden vivir experiencias y conocer realidades para los que no tienen criterios ni madurez para evaluar su veracidad ni distinguir si son provechosas o perjudiciales.
Los perjuicios que ha causado su uso indebido han llevado a que el FBI de los Estados Unidos recomiende oficialmente que ningún menor de edad tenga conexión a internet en su habitación, y que la computadora conectada a internet debe estar en un área común de la casa, donde se pueda supervisar lo que están viendo los hijos.
La red les abre las puertas a un mundo sin leyes y constituye un entorno al que hay que saber asomarse. Hoy los padres ya no tenemos que preparar a los hijos para que se incorporen al mundo que los rodea, sino más que nunca protegerlos de sus peligros. Internet es uno de ellos porque los informa pero no los forma, y los puede deformar.