Danny Vélez
El equilibrio de un arte de guerra
La entrevista se dio con retraso de casi una hora, tiempo invertido en el puente rumbo a Durán. “Solo estará en su oficina hasta las cinco de la tarde” –comentó la asistente de Vélez–. Sin embargo, a esa hora, el carro del Diario avanzaba a ritmo lento hacia su destino, con los tripulantes a bordo ‘muertos’ de la impaciencia.
Al llegar al lugar, sorprendió ver a Danny Vélez, nuestro entrevistado, con una gran sonrisa, sin una gota de impaciencia. “Me imagino que les cogió el atascamiento vehicular” –preguntó– ¡y vaya que así había sido!
“No se preocupen, es normal. Cada vez que debo ir a dar clases a mi escuela de artes marciales, me relajo, respiro profundamente cuando sé que debo pegarme un viaje tan largo. No tengo por qué perder la paciencia”, comentó al momento de iniciar la conversación.
Uno de los fundamentos vitales en las milenarias artes marciales se traduce en el ‘control mental’, control que conlleva técnicas, estrategias utilizadas para la guerra, desde la antigüedad. Por eso el dialogar con Danny no es escuchar hablar de cinturones blancos, amarillos o negros; ni de cursos limitados de tiempo.
Para él enseñar kárate, taekwondo, judo, es educar en la personalidad. A diario muchos pupilos llegan a su escuela de todas partes de la ciudad en busca de reconocimientos, torneos, o la tan nombrada defensa personal. Unos se desinflan y otros se desmotivan al saber que el arte marcial simboliza perseverancia, constancia, entrega, paciencia, concentración, que al mezclarlas con honestidad, respeto y lealtad forman a un hombre nuevo, uno que se conoce a sí mismo.
Danny Vélez Sper, un guayaquileño gerente de una empresa alimenticia, casado, con tres hijos, vivió parte de su adolescencia en internados. “Fue una etapa muy difícil de mi vida. En los internados debes aprender a defenderte, por eso a los 11 años empecé a aprender artes marciales como un mecanismo de defensa. Lo que se inició en mi autodefensa, poco a poco me fue formando”, relata de aquellos tiempos en que cualquier situación era pretexto para drogarse, alcoholizarse o no estudiar.
Fueron muchos los jóvenes atraídos por el vicio, mas él formó su carácter en la disciplina que practica desde su adolescencia. El vicio nunca lo sedujo. “Este arte me dio disciplina, valores, que nunca he dejado de practicar; que me han servido a nivel empresarial. Uno aprende a desarrollar estrategias donde está en juego nuestra propia vida”, acota.
Como maestro de técnica marcial, lamenta que en la actualidad se la conciba como un deporte y no como un verdadero arte de guerra, al perder los valores con que fue creada.
El equilibrio en su vida lo trabaja en su desarrollo personal, como padre de familia, como empresario, en la participación directa en la comunidad, procurando que las áreas donde tiene influencia sean positivas. Para él, dar un buen ejemplo es sinónimo de coherencia consigo mismo.
¿Que si tiene reglas de oro para procurar una vida equilibrada? Pues, claro que las tiene. Danny prefiere no hablar de reglas sino de algunos tips, producto de su formación en artes orientales.
La palabra ‘correctamente’ no es redundante cuando Vélez lo que desea es hacer énfasis en ella. “Pensar, conducirse, ver o hablar lo hacemos todo el tiempo, pero hacerlo conscientemente bien, es la meta”, aclara mientras repasa mentalmente algún otro tip. Así también el control mental en momentos de estrés se convierte en la mejor arma.
Por ello el instructor explica que nuestras manos se ponen frías, las piernas se quedan estáticas, no sabemos cómo reaccionar, debido a los nervios que nos traicionan a causa del estrés o el miedo. La sangre se sube a la cabeza por una orden de pánico que dio el cerebro. “Es justo en esos instantes en que no podemos pensar bien, ni tomar decisiones. Allí es donde el control mental es necesario”, dice.
Treinta años transmitiendo las artes marciales, sus simbolismos y fundamentos. Un arte que cambió su vida, la visión de ver las cosas. El equilibrio como misión diaria en su diario caminar y el amor por la familia.
Escuela Danny Vélez, Comité de los Ceibos. Telf.: 2350205