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Edición del DOMINGO 11 de Junio del 2006 EL UNIVERSO inicio e-mail
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Ecoparque Monte Selva, refugio para animales y humanos
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Nicolás es uno de los monos que habita el Ecoparque.
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Texto: Moisés Pinchevsky | Fotos: José Alvarado

Aquí, cero jaulas y cero cadenas. En este parque ecológico de Puyo, provincia de Pastaza, los animales residen en hábitats especiales para luego ser reintegrados a la vida silvestre.

Nicolás se acerca sin miedo al agua. Parecería que desconoce que ese estanque contiene caimanes que no le harían asco a su carne. Porque él igual se aproxima, se sienta en la orilla, se pone de pie, camina, se vuelve a sentar, mete la mano en el agua, la saca completa (fiuuu, ¡qué alivio!) y parece asomarse para observar su reflejo en la superficie. Quizá sea un Narciso vanidoso que se pregunta: ¿quién es el mono más mono del Ecoparque Monte Selva? Su reflejo no puede responderle, pero sí lo hace Guido Calderón, propietario del lugar: “Nicolás es el mono más hermoso y popular del parque. Como fue criado por humanos no nos tiene miedo. Por eso cuando vienen los turistas se acerca y hace sus maromas. Eso no sucede con los otros monos, porque crecieron en vida silvestre y fueron capturados por traficantes de animales. Ellos les temen a los humanos”.

¿Y a los caimanes? “Nicolás y los otros monos son demasiado pilas para dejarse atrapar por los caimanes. Cuando los reptiles se acercan los monos saltan para encaramarse en los árboles”. Con esa explicación sentimos cierto alivio al observar al audaz Narciso sentado en la orilla del estanque, donde según Calderón corre mucho menos peligro del que vivió antes de llegar al Ecoparque.

“Nicolás llegó hace ocho meses en muy malas condiciones. Estaba blanco. Parecía albino. Era la mascota de una familia que vivía en un departamento y como nunca recibía el sol su pigmentación era pálida. Además estaba muy delgado y mal alimentado. Le daban solo pollo cocinado; no consumía una dieta balanceada. Llegó con una hermana, pero ella estaba peor y murió al poco tiempo”.

Ahora el pelaje café intenso de este mono chorongo indica que está saludable, por eso en pocos meses posiblemente decida decirle adiós al Ecoparque para dirigirse al bosque colindante y a la vida silvestre. Será su decisión, porque aquí los animales no son prisioneros, no existen jaulas y cualquiera puede marcharse al cercano bosque cuando lo desee.

Pero también pueden volver de visita. Como aquella familia de monos (papá, mamá e hijo) que llegaron hace un año y medio donados por una señora que los tenía como mascotas. Después de seis meses en el Ecoparque decidieron marcharse al bosque. “Es un orgullo cuando los animales nos dejan, porque ese es nuestro propósito: reintegrarlos a la vida silvestre. Pero también es una gran tristeza, porque llegan a ser como hijos. Por eso casi lloré cuando, tres meses después de haberse marchado, esa familia de monos regresó para visitarnos. Eran como las 07h30 cuando los vi sentados en un árbol frente al área donde vivieron con nosotros. Se quedaron allí toda la mañana”, recuerda Calderón.

Sentido humano vs crueldad
El recorrido por los hábitats de los animales es el principal atractivo del Ecoparque Monte Selva, que recibe especies incautadas por las autoridades a los traficantes de animales silvestres y por donaciones de personas que gustan de estas ”mascotas” mientras mantengan sus caritas de dulces bebés, pero que al crecer prefieren separarse de ellos por considerarlos un problema o un peligro. Lamentablemente, en esas ocasiones muchas personas sin corazón abandonan a esas especies en el bosque, donde mueren al poco tiempo porque no logran adaptarse nuevamente a la vida silvestre.

Por eso el Ecoparque busca realizar ese proceso de transición de la manera más gradual posible, para que los animales puedan sobrevivir nuevamente en el ambiente natural del cual fueron arrancados.

Así sucederá con los casi 40 habitantes de este refugio ecoturístico, entre ellos nueve caimanes, diez monos, tres ocelotes (tigrillos), un jabalí amazónico, ocho boas e igual número de loras. El tiempo promedio de permanencia en el parque es de un año. Luego de eso deberán partir, a menos que los animales prefieran quedarse o requieran más cuidados.

Refugio para humanos
Pero los animales no son los únicos que reciben cuidados en el Ecoparque, también los visitantes humanos que llegan a sus instalaciones para disfrutar además de un spa concebido para ofrecer tratamientos al estilo amazónico. Clarivel Vera, asistente en el spa, lo explica mejor: “Todas las arcillas que utilizamos provienen de esta tierra. El proceso comienza al introducirse en tres tinas con arcillas medicinales. La primera contiene agua y arcilla blanca, que ayuda a combatir las arrugas, las manchas en la piel y el acné. La persona se sumerge por uno o dos minutos para luego ingresar por otros diez minutos al baño de vapor que ofrecemos en el temascal. Luego la persona se enjuaga y debe sumergirse en la tina con arcilla amarilla (relaja los músculos) y, posteriormente, en la tina con arcilla roja (mejora la circulación sanguínea y combate las várices)”, donde se repiten intercaladas las sudorosas incursiones en el temascal.

Por cierto, el temascal es una cabina circular con “tecnología” maya para energizar el cuerpo a través de una fuente de calor que, según la tradición ancestral, alivia problemas reumáticos, prostáticos, artritis, hepáticos, problemas digestivos, circulatorios, problemas pulmonares, bronquitis y trastornos glandulares como la tiroides. Vera agrega que las características curativas del vapor provocan un método eficaz para estimular los órganos internos y limpiar el cuerpo de toxinas acumuladas por medicamentos, la mala alimentación o la contaminación de las ciudades.

Y la relajación seguro se hará más profunda para el turista al conocer que la tarifa por este proceso es de $5, lo cual ayuda también a curarle el estrés a cualquiera, y mucho más si complementa el baño de arcillas con un masaje o un baño en los jacuzzis cercanos.

Liviano para volar
Los turistas que realizan el tratamiento luego tienen la opción de darse un chapuzón en la piscina del Ecoparque, comer algo en su muy completo restaurante o de disfrutar de una opción más adrenalítica en el canopy. Este deporte de aventura consiste en deslizarse por cuerdas a través de los árboles, pero no como Tarzán, sino como Supermán porque en este caso la sensación es similar a la de estar volando rumbo al bosque.

La plataforma de salida se encuentra en el mirador emplazado arriba del restaurante, donde los arneses y las cuerdas de seguridad brindan confianza a los turistas que hacen pequeñas colas para disfrutar de tan singular experiencia. Y desde ese mirador se contempla también el espeso bosque que nos rodea, del cual Guido Calderón, nuestro anfitrión, protege 20 hectáreas. “El bosque es realmente el gran orgullo del Ecoparque, porque todo lo demás es ladrillo y cemento, y como tal se puede destruir y construir nuevamente. Pero el bosque debe ser eterno y cualquier daño en él resulta irreparable”.

El bosque es la naturaleza, y la naturaleza son los animales, y los animales son los hermanos menores de los seres humanos. Esa es la filosofía de este lugar. “El Ecoparque es mucho más que unnegocio turístico. Es un proyecto de vida porque aquí esperamos dedicar nuestra existencia a darles bienestar a los animales que llegan y a sembrar conciencia ecológica en los visitantes”, señala Calderón; “esta es la actividad que elegimos para que nuestra vida y nuestro trabajo realmente valgan la pena”.

Informes: donaciones de animales silvestres: (03) 288-6821 (Puyo); programas: 239-8742 (Guayaquil).


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