La falta de acción policial frente al secuestro de un menor provocó el pasado martes la reacción de decenas de ciudadanos que atacó el cuartel policial.
La turba destruyó vehículos y mobiliario de la entidad, además se denunció la sustracción de armas.
El ministro de Gobierno, Felipe Vega, anunció procesos legales en contra de los responsables de la destrucción del cuartel y que se investigarán las denuncias contra los policías. Dijo que quedarán 20 agentes, pues no hay dónde alojar a los uniformados.
Pobladores denunciaron corrupción policial
Caos y violencia en El Carmen
Mujer dice que tuvo que rescatar sola a su hija de los delincuentes, porque la Policía no la quiso ayudar.
Carros incinerados que quedaron en el fondo de barrancos, paredes y techos destrozados y cuartos repletos de papeles y vestigios de objetos quemados. Aquel es el panorama en el destacamento de Policía ubicado en el cantón manabita El Carmen.
Las armas, fusiles, balas, computadoras, uniformes y el mobiliario de oficina desaparecieron. Una turba integrada por más de mil personas, según testigos la mayoría eran jóvenes que iban en motos, bicicletas o a pie, se enfrentó a los 16 policías que permanecían dentro del cuartel con 2 detenidos involucrados en el supuesto rapto de una niña de tres años.
María Solórzano, de 25 años, madre de la niña, cuenta que en el centro del cantón, dos sujetos le lanzaron joyas que ella se agachó a recoger. "Después sentí un golpe en mi espalda y me decían "camina, boba". Creo que me pusieron alguna sustancia y en ese rato se llevaron a mi niña", refiere. Cuando ella recobró su conciencia se percató de que su hija Lisbeth no estaba.
"Yo avisé a la Policía pero no me hicieron caso", agrega, por lo que se dirigió sola al mercado donde una persona le dijo que estaba la menor. Cuando llegó al sitio, Solórzano escuchó gritos que salían de una camioneta azul doble cabina.
La progenitora recalca que en un descuido de los plagiadores consiguió halar con fuerza a su hija del interior del vehículo. "La gente empezó a aglomerarse porque esto ocurrió en el mercado y los sujetos huyeron en la camioneta", manifiesta Verónica, una de las personas que dijo que observó cómo la mujer cayó sobre el pavimento con su hija en brazos luego de que la camioneta de los raptores arrancó.
Según la madre de la niña, ella pudo ver que en la camioneta había más menores.
La Policía inició la persecución y consiguió aprehender a dos de los supuestos involucrados en el plagio. Ellos iban en un taxi robado.
Estos fueron trasladados al destacamento policial al mediodía del martes. Aquello detonó una manifestación a lo largo de la avenida Chone, al pie del cuartel policial.
"La gente se enardeció cuando los dos delincuentes hicieron ademanes obscenos ante la multitud que desde afuera quería lincharlos. Eso provocó una avalancha de piedras y llantas quemadas, ahí empezó la destrucción y el saqueo", explica Federico Mendoza, quien labora en una lubricadora frente al destacamento.
El resto es notorio. Hay tres carros policiales quemados, y otros diez vehículos que estaban en el destacamento también fueron destrozados.
"Todo se dio de forma paulatina. La gente quería linchar a los detenidos, pero nuestro deber era protegerlos. Decidimos sacarlos por la parte de atrás y los llevamos a Santo Domingo", dice uno de los 16 policías que estaban en el cuartel.
Los 35 uniformados que llegaron a las 16h00 como refuerzo, provenientes de Pichincha, no pudieron controlar la situación. "Al comienzo era el pueblo pero después se unieron vándalos. Ya a las seis de la tarde salían con colchones, armas, motos y hasta con los uniformes. También se llevaron computadoras, era un desfile de objetos", recuerda Mendoza.