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Los desafíos de desarmar a un ejército fantasma

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Funcionarios de derechos humanos dicen que Musa Hilal, con miembros de su tribu, es el líder de los janjaweed en el polvoriento pueblo de Mistariha.
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Junio 18, 2006

Por LYDIA POLGREEN | MISTARIHA, Sudán

Sus uniformes de camuflaje no portan insignias y sus ametralladoras carecen de la pátina de color latón que es causada por el uso prolongado. En lugar de botas, la mayoría usa sandalias.

Los hombres armados que abundan en esta ciudad, usualmente inaccesible para los extranjeros, lucen casi, pero no completamente, como soldados. Parece que su lealtad no es a ningún comandante militar, sino a Musa Hilal, hombre alto y moreno en bata blanca y turbante.

Hilal, jeque que según el Departamento de Estado de Estados Unidos y organizaciones de derechos humanos es el arquitecto y quizá líder clave de las temibles milicias árabes que han desatado un torrente de miseria en Darfur, Sudán, rió suavemente ante la pregunta de quiénes eran los hombres armados.

“Son soldados”, respondió con una sonrisa nada fingida, en una entrevista poco común en Mistariha. “Soldados comunes”.

El coronel John Bosco Mulisa, comandante de la base de mantenimiento de paz de la Unión Africana, dijo que había pocas dudas de quiénes eran en realidad esos hombres. “Son janjaweed”, comentó, al emplear el término local para las milicias árabes. “Este poblado es su cuartel general”.

Estos hombres y las armas que portan determinarán si los frágiles esfuerzos para llevar la paz a la región destruida tendrán éxito o fracasarán, después de tres años de conflicto que ha dejado al menos 200 mil muertos.

“En este momento la amenaza más grande para el acuerdo de paz son los janjaweed”, dijo un oficial de alto rango de inteligencia militar de la Unión Africana que no está autorizado para hablar en público. “No está claro en qué les beneficia el desarme. Nadie está seguro de lo que harán o de quién los controla exactamente”.

El paso más importante de ese acuerdo, firmado en mayo entre el Gobierno en Jartum y la facción rebelde más grande, es el desarme de los janjaweed. El gobierno prometió presentar un plan para despojar a las milicias de sus armas pesadas un mes después de firmar el acuerdo y concluir la tarea antes de que finalice octubre. Pero ¿cómo se desarma a un ejército fantasma cuyos patrocinadores y líderes niegan su existencia?

El término janjaweed se ha usado desde hace tiempo para referirse a asaltantes de caminos y bandidos de tribus que viven al otro lado de la frontera occidental de Sudán en Chad, quienes vagaban por las planicies vastas y semidesérticas de Darfur y robaban a árabes y no árabes, a nómadas y granjeros.

Sin embargo, la palabra tomó un nuevo significado después de que los rebeldes atacaron un reducto del gobierno en Darfur en 2003, lo que desató el conflicto que envolvió a la región y con el tiempo se extendió a Chad. Las milicias que llegaron a conocerse como janjaweed fueron desplegadas como un tipo de fuerza contrainsurgente que el gobierno usaba en lugar de sus fuerzas armadas y en ocasiones junto a ellas.

A estos combatientes se les pagaba un pequeño estipendio, pero su mayor recompensa era el derecho a saquear y apoderarse de ganado y tierras de los fur y zaghawa, tribus no árabes de las que los rebeldes extraían sus tropas.

La figura principal en el despliegue de estas milicias, de acuerdo con el Departamento de Estado y organizaciones de derechos humanos, fue Hilal, quien dirige una tribu árabe poderosa en Darfur llamada um jalul.

En Mistariha, Hilal se esforzó por explicar que no era líder de una milicia, sino simplemente un jeque influyente. Dijo en repetidas ocasiones que las milicias árabes de las que se le acusaba de comandar sencillamente no existían.

“Es una mentira”, dijo. “Un janjaweed es un ladrón y un criminal. Yo soy un líder tribal, con hombres y mujeres y niños que me siguen. ¿Cómo pueden todos ser ladrones y bandidos? No es posible”.

En cartas a funcionarios del gobierno y a otros líderes tribales, Hilal ha dicho repetidas veces que sus combatientes están enfrascados en una jihad, o guerra santa, y no dejarán las armas ni siquiera si el gobierno se los exige.

Hasta el momento, los janjaweed no han respetado el nuevo acuerdo de paz, han atacado las ciudades controladas por rebeldes en el área de Kutum, en el norte de Darfur, y en Shearia, en el sur de Darfur, por lo que docenas de personas han muerto. Las milicias árabes no firmaron el acuerdo de paz.

“Va a haber mucho conflicto entre el gobierno y algunos de los líderes árabes”, dijo John Prendergast del Grupo Internacional de Crisis, organización que estudia los conflictos violentos.

“El gobierno construyó el monstruo de Frankenstein y ahora tiene que lidiar con él”.


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