Si hablamos de descubridores, el “Cristóbal Colón en contravía” sería el otavaleño aventurero que hace unos 35 años vino a Barcelona y abrió una tienda de artesanías en el corazón de la ciudad, en pleno Barrio Gótico. Hoy, con el paso del tiempo, el asentamiento ha prosperado: ya son cuatro tiendas y un café-bar, con quince empleados en total.
La cadena de tiendas se llama Arte-sano y su matriz se encuentra en la calle Boquería, a pocos pasos de La Rambla (el boulevard de Barcelona). En el letrero del local aparecen los nombres de diversas tribus autóctonas de América: incas, aztecas, mayas, navajos, shyris, otavalos (suena a genuina contrapartida de la Unión Europea).
Dentro se pueden encontrar las mejores artesanías de América, aunque predominan las provenientes de Ecuador. “Todo lo que ves aquí es confeccionado a mano o máximo hecho con telar”, nos dice César de la Torre, el otavaleño a cargo del local.
Él tiene ya seis años en España y logró venirse mediante un contrato que un español le facilitó, en aquel entonces, cuando los trámites eran menos complicados.
Sus padres, los que le enseñaron a tejer tapices de hasta dos metros, siguen y seguirán esperándolo en Otavalo, “en el campo, con los pollos y las vacas”, se sonríe César –un joven tan jovial como taciturno– mientras nos muestra todo lo que hay en la tienda. Aretes, collares, pulseras, esculturas, abrigos, camisas, pantalones, carteras, adornos de todo tipo, cedés con música andina, son algunos de los ítems de venta en Arte-sano, con precios que pueden ir de los 3 euros ($ 2,37) a los 300 ($ 237), 400 ($ 316) o más, dependiendo de la complejidad y tamaño de la artesanía.
Son precios “para turistas”, apunta César, “que tienen cómo pagarlo”. “Aquí los que más vienen son los italianos, franceses, australianos, gringos, japoneses, bueno, la verdad, de todas las nacionalidades”, continúa César, y le resplandecen los ojos cuando recuerda que “hasta han entrado estrellas, los ves y te quedas impactado, he visto a Kevin Costner, George Michael, Anthony Hopkins, David Bisbal, Manu Chau…”.
Los otavaleños tienen una magia especial para hipnotizar a los turistas. Y no hablamos de poderes chamánicos, sino más bien de un sentido del marketing casi instintivo.
Donde hay turistas, ahí están ellos. Recuerdo el impacto que me causó, allá por el año 1994 –cuando la conquista de Europa no se le había ocurrido aún a nadie más que a ellos– hallar a un dúo de otavaleños bajo la torre Eiffel, vendiendo CD a diestro y siniestro, mientras entonaban, con sus instrumentos de viento, una música andina que tenía encantados a los turistas tal cual melodía del flautista de Hamelín.
Justamente Sayri Cotacachi, el dueño de las tiendas Arte-sano, es parte de un grupo de música andina. Él heredó la tienda de su padre, el indígena que descubrió Europa. Hoy la vida de Sayri es agitada, al tener que repartir su tiempo entre la administración del boyante negocio y las giras de Charijayac, su grupo musical, por Europa y América.
Viaja frecuentemente a Ecuador, pues en Otavalo están sus familiares y también los talleres que hacen artesanías especialmente para sus tiendas en Catalunya, con una calidad superior a la que puede encontrarse en mercados artesanales de Ecuador.
“Los turistas son exigentes y enseguida se fijan, por ejemplo, en las puntadas de las prendas”, nos dice nuestro amigo César, quien también nos comenta –con el criterio de un experto– que lo que diferencia a las artesanías ecuatorianas de las de otros países es la utilización de colores naturales, “usamos los colores que lleva la oveja: crema, marrón, blanco, negro, beige; en cambio, de otros sitios nos llegan artesanías muy coloridas, con tejidos teñidos, mientras los nuestros son crudos”.
Un ejemplo de estos tejidos coloridos podría ser el jersey (como le dicen los españoles a los suéteres) a rayas con que vino el presidente electo boliviano, Evo Morales, a su gira europea. Acá se habló mucho más del inusitado atuendo del presidente que de sus potenciales pactos con España para la explotación de hidrocarburos en Bolivia. César nos cuenta que en Arte-sano, ante tanto revuelto, incluso pensaron en poner a la venta jerseys de ese diseño.
“Pero no entiendo por qué se impactó tanto la gente, no creo que por llevar una corbata uno va a ser un mejor presidente, la corbata no te hace más inteligente”, nos dice este joven otavaleño, que no cree en la política y no muestra mucho interés en acercarse al Consulado ecuatoriano en Barcelona ahora que los inmigrantes podrán sufragar en los próximos comicios electorales.
“Mentira es el amor, mentira es la política, mentira es todo”, sentencia César. Y es que es difícil confiar en aquellos que tienen al país convertido en una “potencia mundial”, pero en emigración. “Cuando llegué hace seis años me emocionaba cuando veía a un indígena o a un mestizo ecuatoriano, ahora salgo y me los encuentro en cada esquina”, nos dice César, y afirma que lo difícil de emigrar “es que acá eres dueño de nada, solo llevas tu cultura a la mano y nada más”. Ese ha sido el precio de venirse a Europa tras el reembolso de las riquezas que cedió su estirpe, en la otra conquista.