Según el diccionario, perdonar es olvidar la falta que otro ha cometido hacia uno, no guardarle rencor ni querer castigarle por ella; o conceder la remisión de una deuda. Perdonar es la acción de detener los sentimientos de rencor, ira y venganza en contra de algo o alguien que le ha ofendido. Es lograr transformar los pensamientos y sentimientos negativos en positivos.
El poder de la reflexión puede conducirnos a tener una vida en paz. No se trata de ese pensamiento obsesivo que nunca termina y deriva en conclusiones confusas, sino de una reflexión tranquila, analizando de manera objetiva cada situación. Esta es la única manera de adquirir otro poder, tan liberador como es el perdón.
El rencor y el orgullo que generan el sentir que otro se equivocó y nos lastimó llegan a invadir tanto la mente de quienes se hallan indefensos hacia esos sentimientos que no logran saber qué es, cómo se consigue y qué beneficios puede ofrecer el ejercicio de perdonar.
Cuando se trata de eximir u olvidar, no todos estamos dispuestos, ignoramos la manera de hacerlo, o es tan fuerte el daño que sentimos que aparece el conocido resentimiento y ya nada parece alejarlo. Poder aprender este mecanismo nos llena de un sentimiento de liberación tal que ¡vale hacer el intento de aprenderlo! “El perdón ante todo consiste en una decisión, no perdono solo porque siento perdonar, sino porque decido perdonar”, dice Rosita Jaramillo, psicóloga y terapeuta.
Hace falta destapar la herida para poder limpiarla y así comenzar a curarla. Luego poner en orden el propio interior, que puede ser un paso para hacer posible el perdón. Esta acción no consiste simplemente en “borrón y cuenta nueva”. El mal hecho debe ser, en lo posible, reparado. En muchos casos no se consigue la solución a lo ocurrido, ocasión en la que son convenientes la charla y la maduración de lo sucedido. De lo contrario, el dolor se va encastrando dentro y comienza a dañar física o psíquicamente a la persona.
Mejorando la salud
Hoy existen numerosos estudios donde se revela que perdonar reduce el estrés que provoca el resentimiento, esa poderosa mezcla de amargura, rabia, hostilidad y miedo de volver a ser herido. Quienes no pueden apartar el rencor de sí mismos poseen aumentos en la presión de la sangre, mayor tensión en los músculos y pueden comenzar a sufrir conflictos de índole laboral o familiar. Por el contrario, se demostró que quienes sí logran perdonar, poseen un mejor sistema inmunológico.
“Acumular odio, recordar situaciones en las que nos dominaron la cólera y la rabia, solo causa hipertensión arterial y estrés. Por el contrario, perdonar hasta olvidar, porque si no has perdonado verdaderamente; produce salud física, psíquica y mental, beneficia al cuerpo y al espíritu”, explica Maite Mijancos, orientadora familiar, en su libro Inteligencia emocional y felicidad, que próximamente circulará en Ecuador.
Conseguir perdonar a alguien implica no dejarse abrumar por los sentimientos de odio y hostilidad hacia esa persona. Cuando se liberan esas emociones negativas “no solo baja la presión sanguínea, sino que el sistema inmune mejora, la susceptibilidad a infartos cardiacos y cerebrales decae, disminuye la necesidad de medicamentos e, incluso, la vida sexual se refuerza”, opina el psiquiatra Edward Hallowell, autor del libro Atreverse a perdonar. “Al liberarse de estos sentimientos, la reducción del estrés en el organismo lleva a una serie de beneficios físicos y psicológicos”.
Perdonar hasta olvidar
Según Maite Mijancos, el resentimiento es una respuesta natural, pero no es la actitud más inteligente, práctica y beneficiosa. El perdón es el bálsamo más eficaz contra los deseos de venganza. “Solo el perdón tiene el poder de librarnos de estas dolorosas ataduras. Muchos creen que si mantienen vivo el rencor en su corazón, controlarán mejor la situación para que no vuelva a ocurrir. Obran así, a mi juicio, porque jamás llegaron a experimentar los beneficiosos efectos del perdón”.
Asegura que otra dificultad para perdonar radica en concentrarse en lo negativo de la situación, en lo que hace falta para ser feliz por culpa de esas personas. Y esto vuelve al ser humano envidioso, descontento y desanimado; uno dice “la auténtica felicidad está en otra parte, con otras personas”, y sencillamente se olvida de vivir.
“Hay quienes piensan tremendo error, que el que perdona se muestra débil, o que es dar la razón al contrario y admitir que uno está equivocado. No se trata de pensar si quien nos ofende merece o no el perdón, sino de que nos arranquemos ese veneno que nos quema las entrañas”.
Pero, ¿por qué es tan difícil? “No cabe duda que perdonar requiere una gran dosis de humildad y un gran corazón, pero, nunca se es tan grande como cuando consigues perdonar. Alguien dijo que si Dios tuviera carné, posiblemente, en el espacio en que se indica la profesión, estaría escrito Perdonador”.
Aprender a perdonar
Perdonar requiere de un proceso, a veces largo, y tener la actitud de abrirse a cambiar. Solo intentando ver las cosas desde otro lado, saliendo del rol de víctima conseguirá que cambie su visión sobre los hechos. También puede meditar sobre la poca utilidad que le produce la presencia de rencor en su vida.
Para conseguir perdonar es necesario tener agallas para hacer frente al daño que sufrimos. Es necesario hacer frente a la realidad, confrontar a la persona y dialogar sobre lo ocurrido. Solo de este modo se podrá lograr la libertad para seguir relacionándose con alguien que nos ha herido. Según muchos especialistas, el perdón es el poder último del amor. No de un amor débil y que permite la impunidad sino del que perdona, porque es más fuerte que todo sentimiento negativo.
Es importante tener en cuenta que si una persona no perdona, tal vez tome a los demás demasiado en serio y exija demasiado de ellos. Un pensamiento que puede ayudar mucho es que todos somos seres humanos, fallamos con frecuencia y reiteradas veces no somos tan conscientes de lo que estamos haciendo, como por ejemplo cuando alguien está enojado y dice cosas sin pensar.
También hay que considerar que el arrepentimiento del otro no es condición necesaria para perdonar, aunque sí sería lo ideal. Muchas veces la gente que lastima puede tener ciertos bloqueos que le impidan ver que actuó mal.
Según la terapeuta Rosita Jaramillo, hay tres tipos de perdón:
El unilateral: es el proceso interior que hace una persona víctima de una injusticia, agresión, es incondicional, la persona no toma represalias y es independiente de la actitud del agresor.
El negociado: depende de que el agresor se arrepienta, reconozca y se responsabilice de su error.
El último: es entender que el perdón se realiza en función de los dos procesos anteriores.
El perdón recién comienza cuando desaparece el deseo de venganza. Albert Camus en una carta abierta dirigida a los nazis por los crímenes cometidos en Francia, afirma: “Y a pesar de ustedes, les seguiré llamando hombres…Nos esforzamos en respetar en ustedes lo que ustedes no respetaban en los demás”.
Perdonar no es callar, no es evadir, no es olvidar sin reflexionar. La paz interior de liberar el rencor solo se logra si sanamos las heridas y soltamos las frustraciones. Para esto es fundamental reconocer la realidad, desmenuzarla y luego recién intentar mejorarla.
Es necesario estar libre de cargas y con el corazón puro.
Dios siempre perdona y libera, si nos acordamos de él y le entregamos nuestro tormento. Se debe rezar para poder perdonar a quienes nos han herido y dañado (…)”.
Madre Teresa de Calcuta.
Fuentes: María Teresa Mijancos, directora del Instituto Europeo de Estudios de la Educación y orientadora familiar.
Rosita Jaramillo, psicóloga y terapeuta.
Atreverse a perdonar, Edward Hallowell
Lewis B. SMEDES, Perdonar y olvidar.
Mariah Burton Nelson, El corazón incomprendido.