Izak Ben Aharon, dueño del Heineken music y Rocafuerte café, ubicados en la zona rosa, es uno de los empresarios de la diversión que apuestan por la ciudad.
En las noches más movidas de Heineken Music –el bar de la Zona Rosa ubicado en Rocafuerte y Padre Aguirre, esquina– se puede ver a su propietario, Izak Ben Aharon, bailando incluso encima de la barra junto al público.
Sus casi cinco años de experiencia en el negocio del entretenimiento le permiten a este israelita ser un buen anfitrión; da la bienvenida, sonríe, conversa con quienes llegan a este bar.
Fue hace casi un año que Izy, como lo llaman sus amigos, decidió traer el Heineken –que estaba instalado en Quito hace dos años y medio– a Guayaquil.
“Fue por amor” (que vino a esta ciudad), comenta con su acento extranjero, pues su novia colombiana reside en esta ciudad.
La apertura de Heineken coincidió también con la creación de la Zona Rosa, y hace poco, 20 días, abrió el Rocafuerte Café, en Rocafuerte y Orellana, esquina, que atiende de 07h00 a 03h00 y ofrece desde desayunos hasta piqueos y cocteles. “Hay muchos bares y discotecas, pero debería haber más locales de comida en la Zona Rosa”, manifiesta.
En sociedad con su ex esposa Merav, también israelita, y el inglés Lee Vitner, además de los dos locales en Guayaquil tiene tres en Quito: el Heineken, el restaurante El Zócalo y el bar Coffe Tree, todos ubicados en el sector de La Mariscal.
Casi asombrado comenta: “En total, en Guayaquil y en Quito hay como 80 empleados... son hijos, son familias”.
“Vivo bien pero no soy rico. Todo lo que hemos invertido aquí se queda en el Ecuador”, asegura.
De mochilero
Pasa sus días entre Quito y Guayaquil, pero no de farra en farra necesariamente. “El de la diversión es el más difícil de los negocios que he conocido, pues aquí los pedidos son al momento”, comenta al tiempo de hacer el inventario de los gajes del negocio: labores de administración, compras, recorrido por los locales, relación con los empleados, etcétera.
Publicista de medios alternativos –esa es su profesión y a la que se dedicó en Israel– llegó al Ecuador, por primera vez hace once años, de mochilero, luego de recorrer otros países de Sudamérica. “No sabía ni decir buenos días en español y me dijeron que Quito era seguro y podría aprender el idioma, y lo hice en un par de meses, así como también hice buenos amigos”, cuenta Izak, de 35 años, quien regresó a su país y a los seis meses volvió a Quito. Entonces, junto con otro israelita, puso su primer negocio: La Cigüeña, una guía de restaurantes a la que se podía llamar y hacer pedidos. “Pero lo cerramos, resultó complicado manejar casi 40 motorizados”.
Regresó nuevamente a Israel, se casó, tuvo dos hijos y vino hace cuatro años y medio; primero abrió El Zócalo y después los otros locales.
La Zona Rosa
Dice estar muy agradecido con el Ecuador, pero “estoy medio triste con lo que está pasando en la Zona Rosa”.
“No entiendo bien a la gente de Guayaquil, el Municipio construyó una zona espectacular, segura, con parqueaderos, bien hecha, pero no está funcionando bien”, dice.
Añade que hace falta que la gente en Guayaquil salga entre semana. “Da pena ver lugares tan lindos vacíos. Aquí no hay esa costumbre, la gente se guarda para el fin de semana para emborracharse, amanecerse, cuando también se puede salir otros días a tomar un café, una cerveza, sin gastar tanto”.
Cree también que el Municipio debe promocionar más la Zona Rosa. “Por mi experiencia de mochilero sé que los turistas no van a un lugar por sus edificios bellos sino por su gente, por su cultura, y la diversión es una forma de conocerla. Además hacen falta sillas y mesas afuera. El éxito de La Mariscal en Quito es ese, y aquí con más razón por ser una ciudad tropical”.
“No hay que quejarse de que Guayaquil es una ciudad aburrida”, dice Izak, “solo hay que disfrutarla”. (SC)