El comandante de las fuerzas estadounidenses en Iraq, general George Casey, acusó ayer a Irán de ayudar a los extremistas chiitas que operan en el país árabe.
“Estamos muy seguros de que los iraníes, a través de sus fuerzas especiales, entregan armas, explosivos, tecnología y entrenamiento a los grupos extremistas chiitas en Iraq”, afirmó Casey, en una conferencia de prensa conjunta con el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld.
En la misma conferencia de prensa, el general sugirió que algunos soldados estadounidenses podrían dejar Iraq durante el transcurso del 2006, pero aclaró que todavía no se ha tomado una decisión final al respecto.
El Ejército de EE.UU. anunció ayer la muerte de cinco de sus soldados en Iraq, cuatro en ataques de la insurgencia y el quinto en un accidente.
Según un comunicado militar, dos de los cinco uniformados perdieron la vida en la explosión ayer de una bomba al paso de su vehículo militar en el sureste de Bagdad.
Otros dos murieron el miércoles y el jueves pasados en atentados en la conflictiva provincia de Al Anbar, en el oeste del país, mientras que el quinto soldado falleció hace dos días en una “acción no hostil” en la capital.
Mientras, en Bagdad, el gobierno iraquí impuso un toque de queda diurno como medida de precaución para evitar atentados con coches bomba en la capital, tras una jornada en la que más de veinte personas murieron en varios puntos del país, particularmente en Baquba y Basora.
El reciente despliegue de decenas de miles de soldados iraquíes y estadounidenses en Bagdad no ha frenado la creciente ola de violencia.