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No es nuestro papel darle la razón a uno u otro dirigente. No hay suficiente información y los mismos protagonistas no han hecho esfuerzos por aclarar sus discrepancias. Pero el método para resolverlas no es la intolerancia, la falta de diálogo civilizado y, menos aún, agredir a las personas. La FEF recibe dineros del Estado, por lo que todos los dirigentes tienen derecho a participar de su gestión por los canales que señala la ley.
El país está cansado de estos espectáculos en la esfera política, y estos días se ha dejado ver en toda su crudeza ese malestar, que comienza a erosionar la majestad del Congreso Nacional.
Los dirigentes deportivos deberían verse en ese espejo. Más allá de la popularidad de cada uno, deben deponer discrepancias personales y abrir un diálogo constructivo. Hoy que el Ecuador vive un momento de éxitos en el deporte de equipo, estas actitudes individualistas más tarde o más temprano debilitarán todas las instituciones.
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