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Ecuador es segundo en un ranking de cesáreas

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El martes pasado una adolescente de 16 años fue intervenida quirúrgicamente para que naciera su bebé, en la maternidad del Guasmo.
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Agosto 20, 2006

Texto: Marjorie Ortiz | Fotos: Jorge Peñafiel, Luis Almeida; Infografía: Tomás Oléas

Ecuador es segundo en latinoamérica en partos por cesáreas, según datos de la Organización Mundial de la Salud. La tendencia, aseguran los mismos galenos, involucra factores médicos, sociales, culturales  y de rentabilidad económica.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ubica a Ecuador segundo en Latinoamérica, con el 41%, en el uso de cesáreas para el alumbramiento.

Denuncia una "epidemia de cesáreas", pues el máximo permitido es 15% y el promedio de Latinoamérica es 33%, según una encuesta. Quienes las prefieren lo hacen porque "te duermen y te despiertas con tu hijo en brazos".

Durante la consulta privada, una embarazada le pidió al ginecólogo guayaquileño Antonio Zambrano que la sometiera a una cesárea, porque "no quería padecer los dolores de parto".

"Si me lo piden, lo tengo que hacer; la paciente tiene la última palabra", dice este médico que cita un ejemplo de la cesárea electiva, uno de los componentes de los altos índices de  estas cirugías en el país. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ubica a Ecuador segundo en Latinoamérica con el 41%, según una encuesta que dio resultados de la región en marzo pasado.

La OMS cree que hay una "epidemia de cesáreas", pues el máximo permitido es del 15% y el promedio de Latinoamérica es del 33%. Entre las mujeres hay quienes piensan que es mejor la cirugía porque "te duermen y te despiertas con tu hijo en brazos", mientras que para las clínicas, en particular, suele ser la primera opción ante el mínimo riesgo, para evitar posibles denuncias o para incrementar sus ingresos por los costos de las cirugías.

Además, "existe la cesárea social, muchas usuarias no quieren un parto normal, por temor a los dolores o porque piensan que van a traumatizar sus tejidos genitales", dice Luis Hidalgo, director de la maternidad Enrique C. Sotomayor de la Junta de Beneficencia de Guayaquil.

Entre los porqués del aumento de cesáreas en Ecuador se cuentan también las emergencias clínicas, que se pueden determinar con equipos tecnológicos.

"Actualmente, el médico tiene instrumentos científicos para saber si el bebé  sufre y no someterlo al trabajo de parto", dice el ginecólogo Francisco Égüez.

Pero también hay una tendencia sociocultural. Especialistas como Diego Pazmiño opinan que hay quienes operan presionados por "la comodidad de la paciente"  o porque una cesárea se puede hacer entre 30 y 90 minutos a diferencia del parto normal que demanda de la presencia del médico por más tiempo. 

John Garijo, jefe de Emergencia de la maternidad del Guasmo, cree que el factor económico también motiva a algunos galenos a hacer operaciones.

En algunos casos, refieren otros especialistas, médicos residentes contactan pacientes en las maternidades para operarlas de manera privada o hay acuerdos entre ecografistas y ginecólogos para motivar a la mujer a que se practique una cesárea.

En centros privados, una cesárea cuesta cuatro veces más que un parto normal, dependiendo del centro médico. Si se trata de un policlínico ubicado en una zona urbano-marginal podría costar unos 200 dólares, pero si se lo realiza en clínicas privadas, donde los índices de cesáreas superan el 50%, puede alcanzar los 1.000 y hasta 1.500 dólares. 

En los hospitales del Ministerio de Salud rige el Programa de Maternidad Gratuita, que le representa al Estado unos 20 millones de dólares anuales. Así se financian los partos naturales o cesáreas. No obstante, las cirugías representan mayor egresos para los hospitales que tienen que habilitar y mantener quirófanos y equipos neonatales.

Las cesáreas se han incrementado progresivamente desde la segunda mitad del siglo pasado, con la implementación de nuevos y modernos centros gineco-obstétricos. "La mujer dejó de dar a luz en su casa y prefirió  los hospitales, donde es posible operar", dice Hidalgo, quien argumenta como ejemplo la maternidad de la Junta, donde se hacía el 12% de cesáreas en la década del setenta. Hasta junio pasado, la cifra en el área de General de este hospital fue del 48%. En Pensionado el 88%.

Según la OMS, un parto por cesárea se debe realizar exclusivamente cuando el parto vaginal no es posible o significa un riesgo para la madre o el niño. Por ejemplo, en casos en que la cabeza del feto es más grande que la cavidad pélvica, refieren diez expertos en ginecología consultados. Además si aparecen señales de sufrimiento fetal, si el bebé se presenta en posición transversa, si hay infecciones vaginales como condilomas o VIH/sida, si hay problemas con la placenta; en casos de  hipertensión o si le  nacieron antes fetos muertos. Si ya tuvo una cesárea  se predispone a una segunda.

Los riesgos de una  cesárea, como en toda intervención quirúrgica,  se relacionan con la anestesia, infecciones o sangrados. En un parto normal no se pierden más de 150 centímetros cúbicos de sangre, pero en una cesárea el sangrado podría llegar a 500. La operación también significa potenciales complicaciones en el proceso posoperatorio; muchas pacientes quedan débiles por la pérdida de sangre y hay que recetar proteínas y antibióticos que no afecten la lactancia.

La recuperación de la madre  no es rápida (puede tardar hasta 45 días) como en un parto normal, dicen médicos.

Además de estos riesgos, la OMS advierte en su estudio mundial que el aumento de cesáreas está asociado a una mayor cantidad de neonatos que requieren cuidados intensivos en los hospitales maternos.

También los investigadores descubrieron que los partos prematuros y muertes de  neonatos aumentaban en relación con el número de cesáreas. Ecuador es uno de los tres países sudamericanos con más alto índice de mortalidad neonatal (23 muertes por cada 1.000 nacimientos), según el informe Estado Mundial de la Maternidad 2006 de la organización Save The Children (Salven a los niños).

El hijo de Katty, una joven de 14 años, fue uno de los neonatos fallecidos en el 2006. Él murió tres días luego de nacer mediante una cesárea en un policlínico al norte de Guayaquil. En la consulta externa de la Maternidad Enrique C. Sotomayor, acompañada de su madre, la menor buscaba el miércoles pasado quién le atendiera unos dolores que le han sobrevenido semanas después del parto. "Me dijeron que mi hijo murió por un soplo en el corazón", dice Katty al mostrar el certificado de la autopsia del bebé que determina que falleció por prematurez y sepsis (infección por gérmenes).

En los hospitales, desde este año se han empezado a tomar medidas para reducir el número de cirugías. En la maternidad Enrique C. Sotomayor, por ejemplo, rige un protocolo médico que obliga a decidir la primera cesárea de una paciente mediante una junta de médicos. Aún si la paciente ya tuvo una cirugía se analiza la historia clínica para saber cuál fue la causa de la primera intervención y si le es posible tener un parto normal.

En la maternidad del Guasmo, según su director Ricardo Moreno, se sigue el mismo protocolo entre los médicos residentes. Incluso, refiere, promueven el parto normal, porque les representa menos gastos de recursos y equipos, pues el uso del quirófano y la terapia intensiva neonatal resultan caros en comparación con lo que el Estado les asigna para el programa de Maternidad Gratuita. El año pasado recibieron 320 mil dólares (20 dólares por parto normal o cesárea). Los fondos para cubrir el presupuesto del 2006 no llegan.

"Aquí la decisión no la toma la paciente, sino el médico", explica John Garijo, jefe de Emergencias de esta unidad hospitalaria.

Por su parte, varios médicos privados coinciden que están en campaña contra las cesáreas al cobrar a sus pacientes los mismos honorarios por los partos ya sean vaginales o por cirugía.


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