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Edición del DOMINGO 20 de Agosto del 2006 EL UNIVERSO inicio e-mail
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Destino 
La Reina Isabel abre su armario
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Vestido elaborado en satín, lamé de oro y bordado con diamantes, perlas y gemas. Es del diseñador Norman Hartnell, 1957.
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La reina de los sombreros

Texto: Susana Cárdenas-Overstall / desde Londres para La Revista

Es la más grande exhibición de los vestidos de noche y joyas de la Reina Isabel. Son vestidos que datan desde 1940 hasta la fecha que el Palacio de Buckingham expone este verano como celebración de los 80 años de su monarca.

El vestido verde que me compré en St. Germain des Pres, París, el año pasado era la opción número uno. Los tacones negros con flores de colores, made in Italy, iban como anillo al dedo con mi traje. El evento a asistir era la exhibición de vestidos de alta costura de su Majestad la reina Isabel y claro, debía lucir smart, como dicen los ingleses.

¿Podré resistir los zapatos cerrados con un verano de 33 grados? Cansada de usar sandalias que cumplan su función práctica que no me saquen ampollas, (requisito imprescindible para las caminatas londinenses) decidí ponerme los tacones de la Dolce Vita y subirme en el taxi negro que me dejaría en la puerta de los salones de Estado del Palacio de Buckingham. La belleza duele, pensé.

A las nueve de la mañana ya hacían cola un grupo de periodistas en la calle Buckingham Road. Muestro la invitación, cruzó los controles de vigilancia, me entregan los audífonos y estoy allí, en la deslumbrante residencia y oficina de la Reina desde el año 1952. 

Los Salones de Estado del castillo se convierten en el escenario de las recepciones oficiales para los representantes de gobierno que visitan a la Reina. El palacio no siempre fue el edificio majestuoso que yace hoy en el corazón de Mayfair. Fue una pequeña mansión que compró el rey Jorge III para que su esposa Charlote estuviera cerca del Palacio de St. James donde se celebraban los eventos monárquicos. En 1826 el Canciller de Hacienda del rey Jorge IV pidió al arquitecto John Nash que la transformara en palacio.

Nueve años después la reina Victoria la convirtió en su residencia, tradición que no ha roto la corona británica actual.

Camino por los salones. Me transporto dos siglos atrás. Enmudecida  observo la opulencia y el efecto dramático que producen los pasamanos de las escaleras bañados en oro, las lámparas de araña combinadas con las cortinas de color rojo sangre y la colección de pinturas de Rembrandt.

Dejo el salón de los tapices, detrás quedaron los escudos heráldicos de los tres reinos de Gran Bretaña: Inglaterra, Escocia e Irlanda, la colección de porcelana de Sèvres del rey Jorge IV y llego a la Galería Este.

Al lado izquierdo leo el cartel que dice Comedor del Salón de Baile donde reposan los 80 vestidos de la reina Isabel por su octogenario cumpleaños.

Vestidos para la ocasión
Camarógrafos. Fotógrafos. Flashes. Las únicas fotos permitidas en el Palacio de Buckingham son en el salón de la exhibición de los vestidos de la reina Isabel. Me apuro a sacar la cámara, aprovecho que nadie obstruye la escena y capto el primer vestido que impacta mis ojos.

Creado en satín de seda crema, bordado con abalorios dorados, lentejuelas, perlas y cristales azules a manera de círculos que terminan en el centro con rosetas en forma de concha  fue usado por la Reina en una visita de Estado a Canadá y Estados Unidos en 1957. Su creador fue Norman Hartnell quien vistió a la reina Madre desde los años 30 y confeccionó desde los años 40 los trajes de la reina Isabel y su hermana la princesa Margarita.

No sé por donde empezar. La exhibición está dividida por colores, más que por años o estilos. Empieza con las gamas azules, pasa por las verdes, en el círculo interior cubre la paleta de los amarillos y naranjas, luego los colores rosa pálido, fucsia y las tonalidades beiges, blancos y dorados, muy al estilo cuento de hadas.

Me siento como niña en juguetería. Diseños en lamé, tafetanes, sedas, encajes, chifones, tules, organzas, crepés, vocabulario que conozco por culpa de mi hermana y sus viajes al fashion district de Nueva York, están allí para admirarlas en atuendos reales.

El lujo habla por sí solo. El New Look, estilo impuesto por Cristian Dior, marca la línea de los vestidos que la Reina usó en los años 50. Su diseñador predilecto Norman Hartnell impuso su sello con faldas amplias, suntuosas sedas y bordados realizados por su equipo de profesionales. Las reinas debían echar tierra a los recuerdos de la Segunda Guerra Mundial y regresar a sus castillos.

A pocos pasos descubro el que sería mi vestido favorito de la exposición. Es un bolero corto, mangas largas, con un vestido cintura de avispa,  falda amplia y larga en color verde agua, en encaje y tafetán de seda. No tiene una piedra bordada. Es simplemente puro.

La reina llevó este traje en el matrimonio de su hermana Margarita en 1960 e impuso la tendencia de llevar vestidos largos para las bodas de día. El ornamento del atuendo lo complementan las rosas y el tul en su cabello y las perlas isabelinas. “Yo me acuerdo ver a la Reina saludando desde el balcón del Palacio de Buckingham el día que se casó su hermana”, me dijo Diana Thorburn, una reconocida periodista de moda que conocí en la exposición.

“Hemos querido representar el tiempo y la historia de cada época con estos trajes”, expresó la curadora de la muestra Carolina de Guitaut. Los vestidos varían de forma de acuerdo a la época. Evidencia la sobriedad en tiempos de guerra, tal es el caso de unos cuantos vestidos en terciopelo negro, verde botella y rojo sangre confeccionados pro Hartnell en los años 40.

Los años 50 reflejan la opulencia, derroche de tela y pedrería en época de post-guerra; los años 60 con cortes de cintura altos y faldas rectas; los años 70 con líneas más etéreas; los años ochenta con estampados de flores hasta llegar al traje que la Reina usó el año pasado en la Cumbre de los países de G-8 en Escocia.

En el centro del salón se exhibe una de las piezas más teatrales de su armario. Se trata de un abrigo bordado en canutillos de plata, perlas, lentejuelas iridiscentes y cristales. Fue expresamente confeccionado para la visita de Estado a Francia en 1972. Ninguno de los trajes ha sido usado en más de una ocasión, solo con la excepción de este abrigo que lo volvió a vestir en la inauguración del parlamento en 1976. 
No solo Norman Hartnell fue el diseñador de la Reina. Hardy Amies se incorporó en su staff desde los años 50 y ganó su prestigio por la simplicidad de sus trajes. Famoso es el vestido color turquesa con bordado en plata que la Reina utilizó para retratarse con el conocido fotógrafo Cecil Beaton en 1969. Ian Thomas, John Anderson, Stewart Parvin y Kelly & Pordum, son los más recientes diseñadores.

Al final de la exposición me percato que todos los vestidos de la reina Isabel hasta los años 70 tenían cintura diminuta y confirmo que el canon de belleza femenino siempre ha exigido cinturas de 60 centímetros o menos. Ese ha sido el tema que  ha captado la atención en la prensa británica: la cintura de la Reina comparada con la de Victoria Beckham.

Algunas joyas reales
Algunas de las joyas personales de la Reina se exhiben en las vitrinas de la exposición. Incluyen la Tiara Vladimir, que perteneció a la gran duquesa Vladimira de Rusia, tía del Zar Nicolás II; está elaborada con esmeraldas y diamantes que datan de 1890. También se aprecia un brazalete en oro con las iniciales E y P (nombre de los monarcas Elizabeth y Philip en inglés) diseñado por la casa Boucheron en 1952, regalo del Duque de Edimburgo a su esposa la reina Isabel por su quinto aniversario.

La muestra estará  hasta el 24 de septiembre próximo.

Fotos cortesía de: Yousuf Karsh (2); The Royal Collection (1, 4, 6 y 8); V&A Images/Victoria and Albert Museum (5 y 7)


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