Tres pescadores mexicanos que afirman haber sobrevivido más de nueve meses a la deriva en el mar retornaron este viernes en avión dispuestos a someterse a un detector de mentiras ante las conjeturas de que se dedicaban al tráfico de drogas e incluso que se comieron a otros dos compañeros que habrían muerto en altamar.
Salvador Ordóñez, Lucio Rendón y Jesús Vidaña dicen haber salido el 28 de octubre de 2005 a pescar tiburones con otras dos personas del puerto mexicano de San Blas, en el estado de Nayarit. Transcurrieron 285 días para que se conociera su historia y 301 días para que regresaran a su país.
Los tres anunciaron la decisión de viajar de inmediato a sus comunidades en dos estados del Pacífico mexicano: Rendón y Ordóñez a Nayarit, y Vidaña, con rumbo a Sinaloa.
Ojalá no les pase a ellos (a los que dudan) esto que nos pasó a nosotros; si no nos creen, allá ellos. Yo lo único es que le agradezco a Dios que me tenga con vida aquí, dijo Vidaña sobre las especulaciones en torno a su odisea que concluyó el 9 de agosto cuando fueron rescatados por un barco atunero taiwanés cerca de las Islas Marshalls, en el Pacífico Sur y a más de 8.000 kilómetros de la costa.
Los pescadores llegaron al aeropuerto internacional de la ciudad de México poco después de las 05.30 de la mañana (10.30 GMT) en un vuelo procedente de Los Angeles, después de haber salido de las Islas Marshalls el martes pasado y haber hecho una escala en Hawai.
Poco después de haber llegado, los mexicanos ofrecieron una breve rueda de prensa en la que la atención se centró en las dudas que han surgido.
Ante las dudas de la prensa de su aspecto físico que distaría de la de un náufrago, Ordóñez dijo que eso se debía a que se recuperaron en el barco que los rescató, donde siempre nos tuvieron muy atendidos, con aire acondicionado y no nos dejaban salir al sol, además de que nos dieron muy buena alimentación.
El miércoles se conoció que Ordóñez tomó un curso de supervivencia en septiembre de 2004 con otros pescadores y según el instructor se les enseñó entre otras cosas que si naufragaban debían beber solo agua de lluvia o sangre de alguna ave o pez y comer lo menos posible.