El capítulo más reciente en la larga guerra de Estados Unidos contra las drogas, un esfuerzo de seis años y 4.700 millones de dólares para reducir drásticamente el cultivo de coca en Colombia, ha dejado el precio, la calidad y la disponibilidad de la cocaína en las calles estadounidenses, virtualmente sin cambios.
El esfuerzo, iniciado en 2000 y conocido como Plan Colombia, tenía el objetivo de reducir a la mitad el cultivo de la coca en ese país en cinco años. Eso no ha sucedido.
En lugar de ello, afirman los expertos en política de drogas, la coca, el ingrediente esencial para la cocaína, ha sido redistribuida a terrenos más pequeños y más difíciles de alcanzar, lo que se agrega al costo y dificultad de la guerra contra el narcotráfico.
Funcionarios del gobierno de Bush dicen que los agricultores de coca están en retirada, y que los guerrilleros izquierdistas y paramilitares de derecha quienes se sostienen con las ganancias de las drogas son más débiles que nunca. Eso, afirman, ha hecho que Colombia, el aliado más cercano de Washington en una región tumultuosa, sea más estable. Argumentan que el plan se ha anotado éxitos importantes, como un aumento repentino en el precio de la cocaína el año pasado.
Sin embargo, esa afirmación fue rebatida por una amplia gama de expertos en política de drogas, y algunos políticos cuestionan los resultados de la guerra contra las drogas, así como sus suposiciones.
El plan parecía bastante sencillo. "Entre más cerca de la fuente podamos atacar, mayor será la probabilidad de interrumpir por completo el flujo de drogas", decía un reporte del Departamento de Estado poco después de que comenzó el Plan Colombia.
"Si destruimos los cultivos o forzamos a que se queden sin cosechar, no entrarán drogas al sistema".
Sin embargo, datos recientes arrojan los siguientes resultados:
¶ Hoy en día se cultiva tanta coca en Colombia como la existente al inicio del esfuerzo de rociado aéreo a gran escala, en 2000, de acuerdo con el Departamento de Estado.
¶ Colombia, Perú y Bolivia, las principales fuentes de coca y cocaína, producen droga más que suficiente para satisfacer la demanda mundial, y posiblemente tanto como a mediados de los años 90, sostiene la Organización de Naciones Unidas.
¶ En Estados Unidos, el estudio del gobierno durante el último cuarto de siglo muestra que el precio de la cocaína ha caído y que la pureza sigue alta, señales de que la droga es tan disponible como siempre.
¶ En general, la demanda en Estados Unidos ha disminuido en años recientes, pero los expertos dicen que podría ser resultado de muchos factores, entre ellos modas sociales que cambian y mejores técnicas de impartición de justicia en casa. Mientras tanto, aumenta la demanda en Brasil, Europa, África y otras partes.
"Si evaluáramos el Plan Colombia por sus criterios dominantes iniciales, los resultados de la guerra contra las drogas han sido dudosos en el mejor de los casos", comentó Russell Crandall, ex asesor de la Casa Blanca y autor de Driven by Drugs(Impulsado por las drogas), libro sobre la guerra al narcotráfico en los Andes.
Los funcionarios del gobierno de Bush creen que ese veredicto es demasiado duro.
"Durante los últimos cinco años se ve una compresión del cultivo", dijo en una entrevista John P. Walters, director de la Oficina de Política Nacional para el Control de Drogas de la Casa Blanca. "Se percibe el cultivo y el tráfico restantes en Colombia bajo una presión nunca antes vista".
Desde 2000, aviones fumigadores tripulados por pilotos estadounidenses y otros extranjeros, acompañados por helicópteros de combate, han rociado el equivalente de Central Park en Nueva York -más de 340 hectáreas- 2.600 veces en Colombia.
En Perú y Bolivia, donde los gobiernos se oponen al rociado aéreo, han entrado tropas a las regiones donde se cultiva la coca para arrancar las plantas a mano.
Sin embargo, cultivadores de coca como John Freddy Romero no parecen preocupados en absoluto. En el estado sureño colombiano de Guaviare, aviones fumigadores estadounidenses han atacado la pequeña granja de Romero con defoliantes, que deja a su paso plantas marchitas de coca. Impávido, vuelve a sembrar su coca al borde de un bosque, donde es más difícil de rociar. "Todo esto fue fumigado, todo, y luego vuelto a sembrar", dijo Romero.
Para los campesinos locales, el incentivo para sembrar y conservar su cultivo de coca es enorme. Son pocas las cosechas que pagan tan bien o de manera tan consistente como la coca.