En la temporada política de 2004, el outsourcing en el extranjero —la práctica de contratar trabajadores del sector servicios a salarios más bajos en lugares como India, para realizar tareas antes hechas por trabajadores estadounidenses con mayores salarios— se convirtió en una problemática importante.
Pero a medida que el número de empleos en Estados Unidos ha aumentado consistentemente y considerado en su contexto macroeconómico, el outsourcing ya no es un asunto prioritario.
En diciembre de 2005, el Instituto Global McKinsey predijo que se contratarían en el extranjero 1,4 millones de empleos de 2004 a 2008, o aproximadamente 280 mil al año. En julio había 135 millones 350 mil empleos asalariados en Estados Unidos, de acuerdo con la Oficina de Estadísticas Laborales de ese país. Gracias a las fuerzas de la destrucción creativa, se crean y pierden más empleos en Estados Unidos en unos cuantos meses que los que el país contrata en el extranjero en un año. Diana Farrell, directora del Instituto Global McKinsey, dice que tan sólo en mayo de 2005, 4,7 millones de estadounidenses empezaron empleos nuevos con patrones nuevos.
Es más, la amenaza del outsourcing varía mucho dependiendo de la industria. Muchos servicios exigen una interacción personal para que la gente realice su trabajo.
Eso resulta particularmente cierto para los sectores más grandes, el de ventas al por menor y el de cuidado de la salud.
Por consiguiente, de acuerdo con un estudio de McKinsey, sólo 3 por ciento de los empleos minoristas y 8 por ciento de los empleos en cuidado de la salud tienen posibilidades de ser realizados en el extranjero.
En contraste, McKinsey encontró que casi la mitad de los trabajos en el área de software empaquetado y en los servicios de tecnología informática se puede hacer en el extranjero. Pero esos sectores sólo representan aproximadamente 2 por ciento del empleo total.
J. Bradford Jensen, subdirector del Instituto Internacional de Economía, con sede en Washington, y Lori G. Kletzer, catedrática de economía en la Universidad de California, en Santa Cruz, descubrieron que en años recientes ha habido una mayor inseguridad laboral en las categorías susceptibles al outsourcing. Sin embargo, también concluyeron que los empleos en esas industrias pagaban salarios más altos y que las industrias con viabilidad para el outsourcing habían crecido con más rapidez que las no lo son. “Eso podría significar que ésta es nuestra ventaja competitiva”, dice Jensen. “En otras palabras, lo que Estados Unidos hace bien son los empleos más especializados y con salarios más altos dentro de esos servicios susceptibles”.
Estas proyecciones no son aceptadas por todo el mundo. Alan S. Blinder, ex vicepresidente del directorio de gobernadores de la Reserva Federal de Estados Unidos y profesor de economía en Princeton, dice que son demasiado optimistas porque no toman en cuenta los sucesos probables en la economía global.
“A medida que la tecnología mejora, y sube la calidad y experiencia de las fuerzas laborales en el extranjero, se elevará la capacidad para proporcionar servicios electrónicamente”, dice. Blinder afirma que, a largo plazo, un porcentaje mucho mayor del 2 por ciento de todos los trabajadores de servicios podría estar en peligro de que sus empleos se contraten en el extranjero.