La sangre salpicada en la puerta salvó a los israelitas de la espada del ángel exterminador. Quienes no comieron aquella carne fueron exterminados. Cuando Jesús se alista para su última cena, sus discípulos le preguntan: “¿Adónde quieres que vayamos a hacer los preparativos para que comamos Pascua?” (Mateo 26-17). Durante la comida, mojan un pedazo de pan en la salsa como se solía hacer en aquel entonces (Lucas 14-21).
La última cena tuvo en su menú al cordero pascual.
Estamos hablando de una época en que los pergaminos se hacían con piel de borregos, corderos, cabras. Los apóstoles se alimentaban básicamente con pescados. Cuando Jesús realiza el milagro de multiplicar panes, también multiplica peces. Los odres para conservar el vino o el aceite se hacían con piel de cabra.
Quiero decir que muchos animales eran sacrificados sin fines alimenticios. Sabemos que para elaborar un ejemplar de la Tora (libro sagrado de los judíos) se necesitaba la piel de cien cabritos.
La civilización nómada a su vez habla de una alimentación basada en leche, huevos y carne. Cuando nos cuenta Jesús la parábola del hijo pródigo, hace notar que se festeja su regreso al hogar paterno haciendo parrillada con la ternera cebada.
Eso me quita el sentimiento de culpabilidad. ¿Quién soy para juzgar a quien gusta del chorizo, de la morcilla? Cuando Jesús saca de un poseído aquellos demonios, se los expulsa para que entren en dos mil puercos que se ahoguen en un lago vecino (Marco 5-13).
Como muestra impactante, el episodio relatado en Génesis muestra a Caín obsequiando a Dios frutos de la tierra, lo que irrita al Señor, y Abel sacrificando a los primogénitos de su rebaño, regalando hasta la grasa de los mismos. Será el motivo de un homicidio y de una maldición. El carnívoro Abel murió asesinado en manos de un vegetariano.
La ley mosaica clasificaba en puros e impuros a los animales según era lícito o no consumir su carne. Se podía comer la de los bovinos, venados, borregos, cabras, mas no la de los cerdos, también considerada como impura por los musulmanes, probablemente por razones de salubridad, pues no existían las condiciones higiénicas actuales ni las refrigeradoras o técnicas de conservación.
Abraham no sacrificó a su hijo pero tuvo que degollar a un carnero para complacer a Dios. En fin, la frase más sabia es aquella: ”Lo inmundo no es lo que entra en la boca del hombre sino lo que sale de ella”.
Respeto mucho al vegetarianismo: filosofía loable, saludable, respeto absoluto a la vida, pienso que se sacrifica a los animales de un modo primitivo no siempre higiénico. Epicuro, pecador carnívoro, no piensa en ello frente al pavo navideño, el sándwich de pernil, el pato a la naranja, el caldo de patas, la guatita, la fritada, el churrasco, el yaguarlocro, las langostas, el cangrejo. Pide perdón a sus lectores por tan execrables delitos.
Tendríamos que redactar una lista de los seres vivos exterminables: ratas, grillos, serpientes, alacranes, pero les cuento que ciertos pueblos comen las especies que acabo de nombrar. Llegando a los extremos, las plantas tienen también sensibilidad –aquello fue demostrado poniéndoles electrodos cuando las arrancaban– lo que podría prohibirnos comer ensaladas. Me interesa tener la democrática opinión de los lectores.