El máximo logro de este alemán es -según indica- haber desarrollado un filtro de aceite “eterno”, que evita futuros cambios.
Sencillamente, “no quería dejarme engañar”. Así explica este alemán de 67 años de edad sobre porqué se dedicó al oficio de inventor. ¿Cuál era el engaño? Su respuesta tiene sentido: “Desde el colegio nos explican que el petróleo es un mineral que tiene 30 millones de años de antigüedad. Y luego nos quieren enseñar que el aceite (derivado del petróleo) que introducimos en los vehículos debe reemplazarse cada 2.000 o 5.000 kilómetros, porque después de ese recorrido se vuelve ‘viejo’. ¿Cómo es posible que un mineral que tiene 30 millones de edad se vuelva ‘viejo’ solo por unos cuantos meses dentro de un motor? Eso no tiene ninguna lógica”.
Trabold llegó a ese razonamiento a los 17 años cuando estudiaba en un colegio de su natal Wertheim, un pequeño pueblo alemán de 25 mil habitantes ubicado a dos horas de Francfort. Desde entonces comenzó a estudiar por su cuenta todo lo relacionado con el petróleo y sus derivados, para deducir que el oro negro no tiene 30 millones de años de edad, sino 500 millones de años. Esa situación lo llevó a considerar que ese mineral y sus derivados “muy bien podían durar otros cuantos millones de años sin ningún problema”, indica medio en broma medio en serio a través de una traductora, porque el científico no habla español.
Mentiras verdaderas
“Mucho de lo que nos enseñan no es cierto, pero nos hacen aprenderlo porque resulta conveniente para los intereses de los poderosos”, señala este alemán que siguió estudiando sobre minerales, pero profesionalmente se dedicó al comercio a través de tiendas de alimentos que abrió en su ciudad natal. “Allí de seguro vendíamos bananos ecuatorianos”, afirma sonriente.
El comercio de alimentos se volvió su actividad principal por muchos años, pero nunca abandonó su interés por los aceites debido al daño ambiental que producen cada vez que se los desecha, según indica. “El hombre hace un gran perjuicio a la naturaleza cada vez que quema el aceite o lo derrama en la tierra para supuestamente ‘eliminarlo’. Cuando se lo derrama en terrenos supuestamente desolados, ese aceite penetra en la tierra y llega a los ríos subterráneos que luego van a parar al mar y posteriormente a nuestras casas. Y cuando se lo quema producimos una polución que respiramos porque se mantiene en el ambiente por muchos años”, opina.
“Eso es estúpido. Estamos contaminando al eliminar un elemento que no es renovable, que en algún momento se va a terminar, porque en los últimos 50 años ya hemos consumido la mitad del petróleo que hay en el mundo. (...) El aceite no tiene porqué ser desechado porque nunca se vuelve viejo. El aceite no cambia en su composición, lo que sucede es que en el motor se contamina con partículas extrañas y agua, pero esos elementos deberían ser extraídos por el filtro. Pero no es así. ¡Qué tontería! Entonces, ¿para qué le pongo un filtro al vehículo?”, agrega.
Buscando el ‘nano’ filtro
El aceite resulta esencial para el buen funcionamiento de un motor de combustión interna, porque produce su enfriamiento. Por eso la solución no es eliminar el aceite, sino utilizar un filtro que lo limpie constantemente, evitando que deba cambiarse. Ese fue el propósito que Trabold emprendió desde hace 40 años, en los cuales realizó diversos experimentos con filtros de todo tipo, hasta que obtuvo mejores resultados cuando trabajó con los conceptos de la nanotecnología.
La nanotecnología aborda las técnicas para manipular la materia a la escala de átomos y moléculas. En otras palabras, busca manejar los elementos ultra pequeños. Esa tecnología no dio como resultado un dispositivo de diseño ultramoderno y piezas inverosímiles, sino un filtro sencillo que utiliza cartuchos de fibra de papel (similar al papel de cocina) para retener las partículas que estén por encima de 0,1 micra (una micra es la milésima parte de un milímetro). “Los filtros convencionales no retienen agua y partículas por debajo de las 25 micras. Esas partículas se convierten en carbonos y metales que pasan a recubrir las paredes del motor para desgastarlo en forma acelerada”, señala el inventor del denominado “filtro Trabold”.
Este alemán lleva 16 años promocionando su invento en Europa, consiguiendo instalar más de tres millones de equipos en vehículos pequeños, tractores, buses, barcos y motores industriales. “Nunca he tenido un reclamo, e incluso he conseguido que la segunda compañía aseguradora más grande del mundo ofrezca una covertura máximo de 3 millones de euros (3,6 millones de dólares) por cada filtro instalado, en caso de producirse algún desperfecto”, indica.
Resistencia
Este invento ha sido su logro profesional más importante; sin embargo, también le ha ocasionado una gran cantidad de problemas. “Ahora camino descalzo por los pisos del infierno. (...) He encontrado muchas personas e instituciones que se oponen duramente a la idea de que el aceite puede durar casi eternamente”, explica refiriéndose, primero, a los ejecutivos de las compañías de petróleo y combustibles, que “incluso me han llamado idiota, mentiroso y otras difamaciones para hacerme perder credibilidad”.
Trabold ha tenido acalorados encuentros con ese importante sector productivo porque “en muchos países los petroleros tienen compradas a diversas autoridades de los gobiernos para mantener un consumo sostenido de combustibles”, según señala, por eso no puede surgir ningún producto que busque reducir ese consumismo.
Pero la oposición que parece preocupar más al inventor es la que encuentra en el empresario y el ciudadano corriente, que sencillamente se resisten a creer que el aceite puede durar casi eternamente en un motor, sin necesidad de cambio. “Las personas sienten temor a esta idea totalmente contraria a lo que han aprendido desde pequeños. Pero ese temor puede desaparecer con el conocimiento real de las propiedades del aceite”.
Y para eso Trabold está dedicando esta etapa de su vida a recorrer diversos países del mundo para difundir las ventajas ecológicas de mantener el lubricante limpio en los motores. “Los usuarios pueden ahorrar el 90% del aceite que consumen, el motor tiene un 60% menos de desgaste y se ahorra el 5% de combustible por su mejor desempeño”.
“La verdad es que no me imaginaba dedicar mi vejez a difundir este mensaje, pero así me ha tocado. Pero me impulsa la idea de beneficiar el ecosistema que disfrutarán nuestros hijos y nietos, porque mi principal objetivo es reducir la contaminación ambiental. (...) Pero para que la humanidad pueda comenzar a lograr este importante objetivo debemos comenzar a dudar de lo que nos han enseñado por siempre, porque mucho de ese conocimiento no es más que una estúpida mentira”. (M.P.)
Todos somos responsables del ambiente que heredamos a nuestros hijos.
No debemos permitir que las mentiras sobre el uso de combustibles fósiles sigan destruyendo la naturaleza ”.
Hermann Trabold