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Pero un reportaje que ayer publicó este Diario demostró que también existen en el mercado ciertos alimentos que supuestamente son beneficiosos pero que en realidad no cumplen con lo que prometen.
La falta de controles e instituciones que defiendan al consumidor son la clave del problema. Resulta ilusorio confiar en que todos los fabricantes y productores mantengan una actitud seria, o que el mercado por sí solo corrija estas deficiencias. No ha ocurrido así hasta ahora y no se ven indicios de que sucederá en el futuro.
Existe una Ley de Defensa del Consumidor, engorrosa y burocrática en muchos aspectos. Por si esto fuera poco, los organismos encargados de hacerla cumplir adolecen de falta de recursos o no disponen de voluntad política para actuar.
Las consecuencias las paga el ciudadano engañado, y el Estado, que debe destinar parte del escaso presupuesto de Salud para atender las enfermedades que esto origina. |