Las instancias de la ONU encargadas de derechos humanos denunciaron reiteradamente los métodos empleados por Estados Unidos en la "guerra contra el terrorismo", incluyendo las detenciones arbitrarias y la tortura.
"Después del 11 de septiembre, el mundo occidental ha seguido una inquietante tendencia a cerrar los ojos ante todo lo que se hacía en nombre de la lucha contra el terrorismo", explica Martin Scheinin, relator especial de la ONU sobre protección de los derechos humanos en la lucha antiterrorista.
"Algunos países adoptan medidas que poco a poco minan los derechos humanos tal como los tenemos establecidos. Esto atañe a todo el mundo y a todos los ciudadano de cada país".
Cinco años después del 11 de septiembre, el gobierno norteamericano se enfrenta a sentencias críticas de su Tribunal Supremo, a presiones del Congreso y a la denuncia de sus métodos por órganos de la ONU.
Para Scheinin, se trata de un un "movimiento de péndulo" y las recientes decisiones judiciales van bien encaminadas.
En un informe reciente, este profesor finlandés de derecho distinguió cinco "tendencias" inquietantes en la lucha antiterrorista: cuestionamiento de la Convención de la ONU contra la Tortura de 1984, represión de los opositores políticos y de ciertos grupos étnicos, vigilancia reforzada de la inmigración siguiendo criterios raciales o religiosos, debilitamiento de la protección de los sospechosos y esfuerzos para criminalizar la "apología" del terrorismo.
Para los defensores de los derechos humanos, la tortura es la cuestión más simbólica.
Para el austriaco Manfred Nowak, ponente especial de la ONU sobre la tortura, "el 11 de septiembre marcó un viraje". "Por primera vez en la historia de los derechos humanos, la prohibición absoluta de la tortura fue cuestionada por las democracias más directamente atacadas por el terrorismo, y no solamente por las dictaduras", destacó.
En mayo pasado, el Comité de la ONU contra la tortura afirmaba que Estados Unidos debía "erradicar toda forma de tortura" en Afganistán y en Irak y cerrar el centro de detención de Guantánamo.
Un mes más tarde, la alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Louise Arbour, denunciaba los centros clandestinos de detención que Estados Unidos está acusado de haber usado en otros países.
En esas cárceles secretas, "el riesgo de torturas es mayor que en un centro de detención conocido como Guantánamo", estima Nowak.
El Comité de Derechos Humanos de la ONU llegaba a la conclusión en julio de que Estados Unidos "debía empezar a suprimir inmediatamente todas las instalaciones secretas de detención".
La ONU fijó los límites precisos, pero Manfred Nowak deplora que ciertos países occidentales sigan intentando saltárselos. Critica la voluntad la Londres de expulsar a sospechosos a Argelia, Jordania, Libia o Líbano so pretexto que estos países se han comprometido a no maltratarlos.
"Mi investigación", explica, "confirmó que vale más no mandar a la gente a Jordania aunque existan garantías diplomáticas".
Numerosos "Estados democráticos" se basan en las prácticas norteamericanas para justificar sus propios abusos, subrayan los expertos de la ONU citando la represión en las repúblicas de Asia central o el conflicto entre Moscú y los independentistas chechenos.
"Mi mayor temor es que la estrategia antiterrorista siga sólo o principalmente una lógica militar o de seguridad", concluye Manfred Nowak, convencido de que las violaciones de los derechos humanos atizan el odio y pueden suscitar nuevas vocaciones de terroristas.