Montículos de tierra, restos de madera y cañas flotando en el estero Salado. Ese panorama se observó ayer en la cooperativa Pablo Neruda del Guasmo Central, en el sur de la ciudad.
Daris Corozo, acompañada de familiares y vecinos del sector, con tristeza comentaba la desgracia ocurrida en la madrugada, cuando su vivienda se precipitó al estero Salado, mientras descansaba.
"Estábamos durmiendo cuando escuchamos como un ventarrón, después de eso las casas se cayeron al agua", relató Daris.
La desgracia también envolvió a la familia de sus hermanos Carmen y Víctor. Entre los tres hogares, 17 personas se quedaron sin techo.
Refirieron que después de las doce de la noche -cuando empezaba el martes- las casas, que estaban asentadas a orillas del estero, se desplomaron.
"Cuando nos dimos cuenta estábamos en el agua, lo único que hicimos fue sacar a los niños para que no se ahogaran", afirmó Daris, ama de casa.
Por el estruendo que se escuchó, los vecinos salieron de sus viviendas y acudieron al sitio de la desgracia.
A esa hora, sin saber qué hacer, no les quedó otra opción que aceptar la oferta de los policías de un retén que está en el sector de albergarlos en la casa comunal.
Víctor, otra de las personas que perdió su vivienda, es maestro constructor. Con su casa se fueron sus electrodomésticos, entre ellos, dos televisores, una refrigeradora, además el juego de comedor y tres camas.
Los damnificados manifestaron que en diez años que llevaban en el lugar nunca había sucedido algo similar.
Hasta la mañana de ayer, ninguno de los organismos de socorro se acercó a la cooperativa. Los damnificados solicitan ayuda porque no tienen dónde vivir.