En una conferencia de prensa después de su enérgico discurso en la ONU, el 20 de septiembre, el Presidente venezolano Hugo Chávez dijo lamentar una cosa: no haber conocido a ese ícono de la izquierda estadounidense, el lingüista Noam Chomsky, antes de su muerte.
Una llamada al día siguiente a la casa de Chomsky lo encontró “vivito y coleando”.
De hecho, estaba en proceso de lidiar con los “diez mil correos electrónicos” que había recibido a raíz de los comentarios de Chávez, quien exhortó a los estadounidenses a leer uno de los libros de Chomsky en lugar de ver películas de Supermán y Batman, que, dijo, “vuelven tonta a la gente”.
A los 77 años, Chomsky se ha unido al exclusivo club de luminarias, como el actor Abe Vigoda y Mark Twain, que fueron reportadas muertas antes de su tiempo, sólo para contradecir los reportes al seguir respirando.
“Todavía trabajo y escribo”, dijo vía telefónica desde su casa, en Lexington, Massachusetts.
Chávez, al dirigirse a los líderes mundiales en la ONU, mostró el libro Hegemonía o supervivencia, que Chomsky publicó en 2003, y lo calificó de una lectura obligada. El autor dijo estar contento de que a Chávez le gustara su libro, pero no se describiría como adulado.
“Debemos vernos a través de nuestros propios ojos y no de los ojos de otra gente”, señaló.
Chomsky expresó que no se había sentido ofendido por las declaraciones de Chávez en el sentido de que estaba muerto.
De hecho, la promoción del libro por parte de Chávez lo propulsó recientemente a la lista de los diez más vendidos de la librería en Internet Amazon.
Aunque está retirado de la enseñanza de tiempo completo, Chomsky aún acude a su oficina en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, ocasionalmente da conferena cias y, además, trabaja en un nuevo libro.
Desde el podio de la Asamblea General de las Naciones Unidas, el mandatario venezolano dijo percibir un olor a azufre, dejado por el Presidente Bush, quien había dado un discurso ahí el día anterior y a quien calificó como “el diablo”.
Chávez continuó con sus burlas sobre Bush al día siguiente en el barrio de Harlem, donde anunció la expansión de un programa para enviar petróleo venezolano barato a las familias pobres de Nueva York. Dijo a un grupo congregado en la calle que el Presidente estadounidense era un “ex alcohólico” y “acomplejado” y que trataba de caminar “como John Wayne”.
El lingüista señaló que él no emplearía la misma oratoria cruel, pero añadió que el líder venezolano simplemente expresaba las opiniones de mucha gente del mundo. Y comentó que la ira de Chávez era comprensible.
“El gobierno de Bush respaldó un golpe de estado para derrocar su gobierno”, apuntó. “Supongan que Venezuela apoyara un golpe militar que derrocara al gobierno de Estados Unidos. ¿Pensaríamos en ello como un chiste?”.
Al demostrar que aún estaba ansioso por tener un debate animado, Chomsky luego habló sobre la desigualdad de los ingresos en Latinoamérica, la historia de las Naciones Unidas, Iraq, Irán, Fidel Castro y, finalmente, sobre el hombre que lo admira tan fervientemente, Chávez.
“He estado muy interesado en sus políticas”, afirmó Chomsky. “Personalmente, creo que muchas de ellas son bastante constructivas”. Añadió que lo más importante es que Chávez parece tener el apoyo categórico de su pueblo.
Entonces, ¿cumpliría Chomsky el deseo de Chávez de tener un encuentro, para que el líder sudamericano ya no tenga que lamentarse?
“Estaría feliz de reunirme con él”, señaló Chomsky.