El sistema de comunicación instalado a un lado de su cama, en su casa, no puede curar a Heather Huntoon, pero podría ayudarle a mantenerse con vida.
Desde aquella noche hace 18 meses en que despertó temerosa de estar sufriendo un ataque cardíaco, la vida de Huntoon ha sido dominada por una letanía de problemas cardíacos, renales y circulatorios que la han llevado una y otra vez al hospital.
"Cuando pasas lo que yo he pasado, te invade la abrumadora sensación de que ya no puedes confiar en tu cuerpo", expresó Huntoon, de 42 años, quien reside cerca de Wichita, Kansas.
Huntoon sí confía en el potencial para salvarle la vida de una serie de dispositivos que permite que los médicos monitoreen su estado de salud a distancia. La instalación de Huntoon figura entre los sistemas de monitoreo remoto más sofisticados actualmente en uso en Estados Unidos, cuyo fin es monitorear a cientos de miles de pacientes.
Su sistema gira en torno a un dispositivo implantado que regula sus latidos cardíacos, produce choques eléctricos vitales en caso de necesidad y se comunica de forma inalámbrica con sus médicos a través de Internet.
El mismo sistema de comunicación también está conectado a su monitor de presión sanguínea y a una pesa electrónica ubicada a un lado de su cama. Al observar a distancia datos relativos a su estado médico que pudieran señalar a una próxima evolución que potencialmente pusiera en peligro su vida, sus médicos ocasionalmente han podido modificar a tiempo sus medicamentos para el corazón para evitarle una hospitalización más.
Los fabricantes de dispositivos médicos consideran a pacientes como Huntoon precursores de cambios tecnológicos que permitirán que decenas de millones de personas con problemas médicos crónicos como insuficiencia cardíaca, diabetes y enfermedad mental puedan tener un monitoreo constante, remoto y virtual de sus estados de salud, al tiempo que viven sus vidas diarias normales. Para los pacientes, los beneficios podrían ser un uso más eficaz de medicamentos, hospitalizaciones menos numerosas y más cortas, y periodos más largos entre una consulta médica de rutina y otra.
"Ésta es medicina justo a tiempo, en lugar de por si acaso", dijo Adam Darkins, experto en coordinación de cuidados en el Departamento de Asuntos Veteranos.
Entre las numerosas compañías que le apuestan a la tecnología médica de monitoreo a distancia se cuentan fabricantes de dispositivos implantables como Medtronic, compañías de instrumentos como Honeywell y Philips, e innumerables empresas de equipo computacional y software, desde compañías nuevas hasta gigantes de la talla de Intel.
Los ejecutivos corporativos indican que los perfiles demográficos y consideraciones económicas relativas al cuidado médico les dejarán a los pacientes y médicos pocas alternativas fuera de adoptar las tecnologías a medida que mejoren.
"La población envejeciente y las enfermedades crónicas generan gastos insostenibles para el sistema del cuidado de la salud", indicó David Whitlinger, especialista en electrónica aplicada al cuidado de la salud en Intel, que ve a la creciente variedad de dispositivos en red actualmente bajo desarrollo, para fines de medicina remota y automatizada, como un enorme mercado nuevo para sus microprocesadores.
"El hogar será la cama de hospital y la sala de espera del futuro", agregó Whitlinger. Sin embargo, hasta los sistemas de vanguardia como el de Huntoon no permiten ofrecer, en su estado actual, un panorama completo de las enfermedades crónicas. Tuvo que ser internada en julio, cuando una caída en su nivel de potasio en la sangre -indicador no monitoreado por ninguno de sus dispositivos- le ocasionó un desbalance cardíaco.
Para numerosos médicos, la recopilación y la revisión de datos a distancia también originan una pragmática preocupación financiera porque muchas aseguradoras actualmente brindan poco o ningún reembolso por semejante trabajo. "Hay un límite al tiempo que le puedes dedicar a algunas de estas cosas durante el día", expresó Stephen T. Hustead, médico de Coon Rapids, Minnesota, quien implanta dispositivos cardíacos como el de Huntoon.
Ella indica que períodos más largos entre hospitalizaciones constituirían un suficiente cambio de vida como para hacerla feliz. Dice esperar que sus médicos puedan agregar el monitoreo remoto de su nivel de potasio a su rutina, lo que incrementaría las posibilidades de estabilizar su poco confiable corazón.
Los empleados del hospital, dice Huntoon, la conocen tan bien que la tratan como si fuera parte de su familia. "Pero ya no quiero serlo".