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Jefe:
Presento a continuación el informe sobre la búsqueda del señor mayor Renán Borbúa, a quien se me ordenó ubicar antes de que ponga, como se dice vulgarmente, los pieses en polvorosa.
En efecto, jefe, inicié mis indagaciones totalmente ayudado de la guía telefónica para llamar a todos los ancianatos que aparecen en las páginas amarillas, pero la única respuesta que obtuve fueron insultos de las telefonistas, que me tiraron, literalmente, el teléfono en la oreja.
Lo que comprobé posteriormente, Jefe, es que aunque efectivamente el señor Renán Borbúa sí es mayor, no es mayor de setenta años, como fui informado subrepticiamente, sino mayor del ejército, como me juró la única telefonista amable que encontré.
En tal virtud, Jefe, procedí a vestirme íntegramente con uniforme de camuflage, un fusil máuser que perteneció al difunto autor de mis días, y una mochila de mi propiedad, a fin de dentrar a los cuarteles sin levantar sospechas. Sin embargo, cuando me dirigía en bus al Vencedores, en la radio que el señor chofer tenía encendida alcancé a oír que el mayor Borbúa era primo del coronel Lucio Gutiérrez, que también es Borbúa, con lo cual llegué a la conclusión de que el parentesco es más bien por parte de madre. Ante eso, Jefe, en una acción suicida me bajé al vuelo del vehículo en mención y procedí a dirigirme a la sede de la Sociedad Patriótica donde, al verme de soldado, todos me creyeron compañero de su ex cuartel.
Inmediatamente comencé a hablar muy bien de toda la familia del coronel Gutiérrez y sobre todo de su primo, de quien dije que era un auténtico hérue. Para mi sorpresa, fui respondido con la acusación de que yo era cómplice de ese gordo traidor y otros insultos que me dirigían varios militantes de la precitada agrupación, a los que se unieron en tumulto militantas del género femenino, que buscaban aruñarme en la cara con las uñas.
Sin que les atemorizara la presencia de mi máuser, proseguí siendo aruñado no solo en la cara sino también en el pantalón, por lo que tuve que, en salvaguarda de mi humanidad, emprender una veloz huída en vista de que en la instrucción nos enseñaron que a las mujeres no hay cómo pegarles ni con el pétalo de una rosa, peor darles un fusilazo con la cacha del fusil.
Lo que en esa brutal acción de linchamiento alcancé a escuchar subrepticiamente, Jefe, es que al mayor Borbúa le acusan de ser carga trípodes, cambia focos, pela cables, roba escenas y otros epítetos totalmente cinematográficos, por lo cual llegué a la conclusión de que el citado mayor sigue completamente dedicado al cine.
Entonces, Jefe, lo único que nos queda es esperar que el mayor Borbúa asome aunque sea como extra en su próxima película, ya que seguro que se ha de presentar en la tele el día del estreno y ahí sí, facilito, le agarramos.
Sin otro particular, quedo a la espera de sus instrucciones para mi próxima misión.
f) Luis Sigcha y Cuntes, Agente Secreto |