Un comunista que construye iglesias. En la arquitectura encontró la solución para encauzar su rebelde visión en obras maestras de la arquitectura moderna.
Oscar Ribeiro de Almeida Niemeyer Soares. Es así como el arquitecto Oscar Niemeyer ha firmado algunos de sus últimos trabajos. Utiliza su nombre completo para homenajear a su abuelo, el ministro del Tribunal Supremo Federal Antonio Augusto Ribeiro de Almeida, con quien vivió en la infancia y tuvo, según cuenta, los primeros ejemplos de solidaridad y justicia. "Mi abuelo fue un hombre útil y murió pobre", recuerda. "¡Qué orgullo! Hay tantos robando dinero público hoy". Inspirado en el ejemplo del abuelo entró a militar en el Partido Comunista Brasileño (PCB).
Nació en Río de Janeiro el 15 de diciembre de 1907. Después de estudiar en la Escuela Nacional de Bellas Artes de su ciudad, colaboró en la década de los treinta con el francés Le Corbusier, uno de los "padres" de la arquitectura moderna, quien influyó en él poderosamente. Juntos trabajaron en el diseño de la sede central de las Naciones Unidas, en la ciudad de Nueva York.
A finales de la década de los cincuenta, el presidente brasileño Juscelino Kubischek concibió la idea de crear una nueva ciudad, pensada para medio millón de habitantes y realizada de acuerdo con el diseño arquitectónico más funcional y vanguardista de la época.
Encargó el proyecto de esta nueva capital de Brasil a Niemeyer y su compatriota Licinio Costa. Con un salario de 40 mil cruceiros, absolutamente ridículo para la monumental tarea, Niemeyer exigió que el gobierno contratara a un puñado de amigos que, a primera vista, nada tenían que ver con la obra. Había un arquero del Flamengo y cuatro compañeros más "que estaban en la mierda y yo quería ayudar", confiesa. Tardaron cuatro años en convertirlo en realidad. Brasilia fue inaugurada en 1961 por el primer mandatario brasileño.
En 1964, en un cuarto de hotel de Lisboa, se entera por la radio de que la dictadura militar había sido instaurada en Brasil. Su oficina en Río fue invadida y saqueada. Sus proyectos, tales como el aeropuerto de Brasilia, comenzaron a ser rechazados.
Un decreto especial de De Gaulle le dio derecho a trabajar como arquitecto en Francia. En 1967, diseñó la sede del Partido Comunista Francés, el edificio principal de la editorial Mondadori, en Milán; y la mezquita, Centro Cívico y Universidad de Argel.
Niemeyer solo volvió a vivir definitivamente en Brasil a comienzos de los años ochenta, con la apertura política. A su regreso construye un centro recreativo conocido popularmente como Sambódromo entre 1983 y 1984, y sirve desde entonces como sede permanente del desfile de las Escuelas de Samba en el festival carioca.
Otra de sus obras es el Memorial de América Latina, realizado a partir de un proyecto cultural del profesor y antropólogo brasileño Arcy Bibeiro, e inaugurado el 18 de marzo de 1989.
Este edificio, ubicado en Sao Paulo, consta de un salón de actos de 3.200 metros cuadrados, un auditorio con capacidad para 4.000 personas, una biblioteca con 60.000 volúmenes, un pabellón de exposiciones, restaurante, tres estacionamientos, un edificio de administración y control y una gran plaza cívica con un palco monumental.
Entre sus principales realizaciones arquitectónicas merece destacarse la majestuosa e impresionante Catedral Metropolitana de Nossa Senhora Aparecida, un monumento de características únicas y un símbolo urbano de Brasilia, cuya singular y audaz estructura denota el genio de su arquitecto.
De forma circular, su espectacular volumen cónico, constituido por 16 pilares curvos entremezclados con vitrales, adquiere una semejanza a un volcán en erupción, que se ve magnificado con un amplio entorno y un interior con grandes e impresionantes vitrales. También sobresalen entre sus creaciones la Plaza de los Tres Poderes, donde están situados el Palacio del Gobierno, el Supremo Tribunal Federal y el Congreso Nacional; el Palacio de Itamaraty, sede de la Cancillería; la avenida de los Ministerios; y la residencia presidencial del Palacio de Alvorada.
La calidad de las construcciones y su armonización con el entorno natural motivaron a que la Unesco declarase a Brasilia Patrimonio de la Humanidad en 1987.
Entre otros importantes galardones, Oscar Niemeyer está en posesión del Premio Lenin de la Paz (1963), el Premio Internacional de Arquitectura de Hocy (1966) y el Premio Pritzker del Instituto de Arte de Chicago, que compartió en 1988 con el estadounidense Gordon Bunshaft.
Un torrente de ideas. Cuando ya ha superado los 98 años, el arquitecto brasileño Oscar Niemeyer inicia una nueva obra, que será la primera que construya en España. El Centro Cultural Internacional será bautizado con su nombre y se levantará en Avilés, España.
La firma del acuerdo para la edificación del centro tuvo lugar en el estudio del arquitecto en Río de Janeiro, donde aparecían colgados los diseños del museo, que constará de una gran estructura en forma de concha para el auditorio, y de un segundo elemento arquitectónico, unidos por una espectacular pasarela ondulante. El diseño visto en planta está inspirado en un espermatozoide, el inicio de la vida. El equipo de arquitectos de Niemeyer viajará a Asturias para trabajar sobre el terreno.
Sobre los plazos de construcción, el Presidente del Principado de Asturias, Vicente Álvarez Areces comentó con esperanza: "Me gustaría celebrar su centenario (de Niemeyer) con una gran fiesta en Asturias, la inauguración del museo y con su presencia".
Con 68 años de trabajo intenso se ha convertido en un clásico del movimiento moderno y ha sobrevivido para agregar actualidad a sus trazos en el siglo XXI. Un comunista que diseña iglesias, Niemeyer es el mayor símbolo de una arquitectura consciente de su rol social como principal función en sus creaciones.
Su reputación internacional le viene de su audacia e imaginación. Su obra tiene un carácter ambiental de gran fuerza, Niemeyer busca adaptar los edificios a las condiciones del medio ambiente, y consigue una convivencia de grandes volúmenes con espacios vacíos de manera inusual. Otra característica de sus edificios es que se elevan sobre pilotes de acero y hormigón.
Pequeño de estatura, todavía macizo, de andar pausado pero firme, rostro cetrino en una cabeza fuerte y erguida. El próximo 15 de diciembre cumplirá 99 años. "No pensé que iba a vivir tanto, pero confieso que todavía es insuficiente. No acostumbro a mirar demasiado el pasado, prefiero esforzarme por lo que aún falta por hacer".
Entre planos, reuniones, consultas transcurre diariamente su jornada de trabajo: ocho, nueve, hasta diez horas, apenas interrumpidas por el almuerzo y el breve reposo que le sigue, no propiamente una siesta, sino un instante de recogimiento que ayuda a la digestión.
En una de las paredes de su estudio, sobre un fondo blanco, ha escrito de puño y letra: "Cuando la miseria se multiplica y la esperanza huye del corazón de los hombres, solo queda la Revolución".
Niemeyer confiesa a un periodista algunos de los secretos de su vida:
"Comer poco, tomar una copa de vino tinto y estar atento a todo. Trabajar mantiene la salud. Fumo cuatro o cinco tabaquitos por día, no absorbo el humo. Montecristi es mi marca favorita. Ah, y la compañía de una mujer".
Teme a los aviones como al mismísimo diablo. Ama las curvas, la samba, la amistad, el contacto con gente joven y los paisajes de su tierra.
Fuentes:
http://www.confea.org.b
http://www.niemeyer.org.br
Oscar Niemeyer de Matthieu Salvaing.