Cada día cobra más importancia la necesidad de realizar una intervención en el tratamiento de la presión arterial elevada en un estadio temprano, sobre todo porque investigaciones determinan que los valores que se usan para medir los niveles deben ser más bajos.
Hace diez años las cifras consideradas apropiadas en un paciente hipertenso sin complicaciones eran de 160/95 mm/hg (milímetro de mercurio). Pero ahora ese valor es 140/90 mm/hg; y en aquellos que tienen enfermedad renal o diabetes (azúcar en la sangre) es 130/80 mm/hg.
Las enfermedades cardiovasculares entre las que se cuentan la hipertensión y los problemas del corazón están dentro de las primeras cinco causas de muerte en adultos en Ecuador. Se calcula que luego de los 40 años el 30% de los ecuatorianos podría sufrir de hipertensión.
Según Peter Meredith, cardiólogo y farmacólogo escocés, la relación entre el riesgo cardiovascular y la presión sanguínea parece ser continuo. Cada día aumenta la incidencia de obesidad, especialmente en jóvenes y con ella se suman otros males como colesterol elevado, diabetes tipo dos e hipertensión.
"Si un hijo o una hija muestra evidencia de sobrepeso, lleva una vida sedentaria, no realiza ejercicio y come inapropiadamente, los padres deben hacer todos los esfuerzos para modificar ese comportamiento. Lo correcto es comer de manera balanceada, evitar grasas saturadas y excesos de sal", agrega Meredith, miembro de las sociedades Británica y Americana de Farmacología, sociedades Americana y Europea de Hipertensión y editor de las revistas British Journal of Medicine, Journal of Hipertension y Blood Pressure.
Medicamento de por vida
"Si el tratamiento contra la hipertensión se inicia más temprano quizás se pueda producir la modificación del proceso arterioesclerótico (endurecimiento e inflamación de las arterias) de modo que las dosis de la medicación puedan ser reducidas como también el número de drogas. Sin embargo, por el momento no tenemos evidencia suficiente si eso es algo que podamos lograr", asegura Meredith.
Agrega que los medicamentos (betabloqueadores) actúan bajo distintos mecanismos directamente en el corazón, pero no se entiende completamente cómo funcionan. En cambio, los bloqueadores del canal del calcio al modificar el influjo de este a las células musculares blandas y a los vasos sanguíneos hacen que sean menos rígidos sin producir hipertensión.
El último medicamento que hay contra la hipertensión es el olmesartan que se opone a los efectos de la angiotensina 2. Este disminuye la producción de sustancias químicas que contraen los vasos sanguíneos de manera que la sangre fluya sin problema.
"El enfoque correcto es producir una reducción consistente pero paulatina de la presión arterial, con la administración del medicamento una vez al día, para lograr un control razonable en 24 horas.
"Si se reduce la presión en forma precipitada hay un riesgo potencial de afectar el flujo sanguíneo normal, lo que podría ocasionar el incremento de posibilidades de un ataque cerebrovascular (stoke)", señala Meredith.