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Edición del DOMINGO 1 de Octubre del 2006 EL UNIVERSO inicio e-mail
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Breve manual para no botar presidentes
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Texto: Ricardo Cevallos Estarellas* | Ilustración: Bruno Carranza

La Revista presenta las observaciones de un periodista guayaquileño, que  introduce sus reflexiones a 15 días de las elecciones. Viviendo en el país latinoamericano que más presidentes ha desbancado de su puesto en los últimos años, deberíamos asumir con valentía que los ecuatorianos no hemos sabido votar y que debemos hacer algo para solucionarlo.

Para lograr un nivel básico de cultura política bien podrían existir seminarios en los que sin necesidad de largos estudios, los estudiantes aprendieran a leer detrás del rostro en las cámaras y descubrieran cómo no dejarse engañar por candidatos mentirosos. Si fuera posible crear un breve curso así, posiblemente el contenido sería algo similar a lo que sigue. Son diez consejos extraídos de conversaciones con observadores de la realidad nacional, que sirven como pautas para tomar decisiones con sentido común al momento de votar.

1. Los cargos públicos son más que una forma de hacer dinero. Vivimos en una sociedad tan corrupta que llegar a un cargo público es para la mayoría el momento perfecto para dedicarse a llenar los bolsillos. Pero no para todos. Hay que entender que sí existen, aunque pocas, personas con valores que llegan a un cargo público con la consigna de servir. Como votantes no podemos de manera cínica aceptar que todos los políticos son corruptos. Si no exigimos honestidad, nunca la vamos a tener. La integridad sí existe en política. Y no solo existe, sino que es indispensable para que el concepto mismo de nación sobreviva.

2. No es la cantidad de dinero sino sus hábitos de vida los que hacen al político. No hay que prejuzgar a quien tiene dinero como necesariamente desligado de los problemas de la mayoría desposeída. Tampoco hay que asumir que los candidatos sin muchos recursos sienten más solidaridad con los que no tienen. Ni que, por el contrario, esos mismos candidatos sin recursos se van a deslumbrar y se van a dedicar a llenar los bolsillos cuando suban, o que tal candidato lleno de dinero será honesto porque "ya no necesita robar". Cuando un político no tiene sus valores bien puestos, independientemente de si tiene dinero o no, una vez en el poder va a demostrar poca solidaridad con sus votantes y va a concentrar sus energías en detectar oportunidades de "negocios". Por tanto, no queda más que investigar a los candidatos y aprender sobre sus vidas. 

3. Los candidatos a presidente deben ser líderes. Hay personas que tienen en su naturaleza el carácter de líder, que independientemente de ser honestos y bienintencionados o no, sus palabras marcan tendencias. Esa cualidad es necesaria para ejercer el poder. Un mandatario que no escuche a nadie cometerá demasiados errores, pero también uno que esté deliberando  y consultando por aquí y por allá no inspirará la suficiente confianza para marcar un rumbo. El presidente es quien dirige la misión de salvar al país, y tiene que tener el suficiente liderazgo para convencer a todos de avanzar en la misma dirección. De lo contrario, cada uno halará la carreta para su lado y no avanzaremos para ninguno.

4. Ni los políticos ni los no-políticos son mejores. Hay no-políticos mejores que los políticos, pero también los hay peores. La experiencia en la arena política, cuando la persona tiene buenas intenciones, le ayuda a aprender a manejarse en los tortuosos caminos del sector público. Por supuesto, a los corruptos la experiencia política solo les sirve para aprender los trucos necesarios para robar. Y un corrupto, aunque sea nuevo en política, en poco tiempo aprenderá a beneficiarse de su cargo. Los compromisos con grupos económicos o de cualquier tipo son la mejor receta para empezar un desgobierno.

5. Cuidado con la cultura del chisme. Es más que común en nuestro medio aplicar nuestra cultura del chisme a la política. Se dicen tantas cosas sobre que tal candidato va a hacer tal o cual cosa, y la verdad es que en la mayoría de los casos son rumores que sus adversarios políticos han puesto a correr. Esta es una de las maneras más sencillas y económicas de hacer campaña, y se basa precisamente en la ingenuidad de un pueblo con poca madurez política. Hay que desconfiar sistemáticamente de los rumores y basarse más en la información que traen los medios.

6. La preparación sí importa, pero. Cuando hemos visto a figuras de la farándula en el Congreso muchos nos hemos escandalizado como lo peor que le podía pasar al país. Un congresista debería ser una persona preparada, con estudios o que haya dedicado buena parte de su vida a pensar   cómo solucionar los problemas de nuestra sociedad. Pero dado que los males del país son tan obvios, quizás más que masters en ciencias políticas lo que necesitamos son gente seria que no vaya al Congreso a mantener su cargo y a votar según las órdenes que recibe por celular. Necesitamos personas con integridad y valentía. Su procedencia no es fundamental.

7. Piensa global; actúa local. Es difícil tener una postura moderada con respecto a la decisión de integrarnos o no a bloques económicos con otros países. Tomemos el caso de EE.UU. No se trata de medir qué tan honestos son sus intereses al momento de negociar, sino de mantener relaciones que nos beneficien.  Tampoco caigamos en el error de pensar que nuestro único rumbo como país es parecernos cada vez más a una cultura que si bien ha creado gran parte de las manifestaciones culturales de nuestra era, también es un referente de desenfrenado consumismo y despersonalizada estandarización de expresiones culturales cotidianas. Tener influencias del mundo, no solo de EE.UU. sino de otros países latinoamericanos y hasta de estados lejanos como China, es un proceso inevitable que nos impactará de manera positiva en la medida en que llevemos esta asimilación cultural de manera reflexiva.

8. No todos los fines justifican el medio. Hay que desconfiar de los políticos que entran en peleas personales con otros políticos. Los funcionarios públicos que están allí para trabajar no suelen involucrarse en  conflictos innecesarios. Asimismo, hay que desterrar la idea de que el fin justifica los medios y que en la campaña electoral todo vale. Falso. En la campaña electoral se ven los valores de cada candidato y hay que poner especial atención al respeto que demuestren por sus adversarios.

9. La educación es un útil barómetro. Un funcionario público puede destacar por su eficiencia en realizar obras de infraestructura. Sin embargo, no hay que  perder de vista que hay areas esenciales en la gestión pública que no siempre se revierten en votos porque no producen tanta visibilidad. Tal es el caso de la educación y por eso es señal de buena cultura política saber detectar y apoyar las iniciativas de los gobernantes de mejorar la educación en el país. Aprendamos de casos como Costa Rica y  U ruguay, donde la cultura política de su población ha logrado que que sus gobiernos gasten menos en armas y más en sueldos para maestros.

10. Lo perfecto es enemigo de lo bueno. Finalmente, recordemos que es inusual encontrar personas, peor aún políticos, con todos los atributos ideales, pero lo importante es poner en una balanza unos con otros y apuntar a un resultado positivo.

Es irreal decir que "todos los candidatos son lo mismo". Siempre va a haber alguno que tenga mejores cualidades que los demás. Sobre todo, es importante tener la paciencia de investigar y analizar los hechos, y tener el valor de tomar una decisión, aun a sabiendas que nos podemos equivocar. 

Es importante escuchar, pues escuchando se aprende más que hablando, por más que en las discusiones de política todos quieran tener la última palabra.

Si cada ecuatoriano dedicara un mínimo de tiempo a investigar un poco podría ahorrarse largas horas de quejas cuando se decepcione del candidato por quien votó.

Es una responsabilidad para todos si queremos elegir buenos mandatarios que sean capaces de terminar sus períodos de gobierno.

*Ricardo Cevallos es director de la revista Transport.


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