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Ex sandinista busca recuperar la Presidencia de Nicaragua

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Daniel Ortega, Presidente izquierdista de Nicaragua en los 80, hoy se proclama moderado.
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Octubre 08, 2006

Por MARC LACEY | MANAGUA, Nicaragua

Daniel Ortega, viejo enemigo de Washington de la época de la guerra fría, es una figura tan polémica ahora como lo fue cuando era un revolucionario treintañero que se enfrentó contra Ronald Reagan.

Después de tres intentos fallidos por regresar al poder en los últimos quince años, El Comandante, como se conoce ampliamente a Ortega, nuevamente sonríe desde anuncios de campaña colocados por todo Nicaragua.

Ahora, a los 60 años, con menos cabello y una ligera panza, tiene la mejor posibilidad, a la fecha, de regresar al poder en las elecciones del 5 de noviembre.

Aunque las encuestas de opinión le dan a Ortega aproximadamente 30 por ciento del apoyo, es el líder en una contienda dividida entre cinco candidatos. Pero la lucha por evitar la victoria de Ortega también es intensa.

La posibilidad de que triunfe ha provocado profunda ansiedad en el gobierno de Bush, que lo imagina como un nuevo aliado del Presidente venezolano Hugo Chávez para desafiar la política estadounidense. Chávez ha brindado su apoyo a Ortega, y Washington ha enviado claras advertencias de que se reevaluará la ayuda en caso de que Ortega resulte electo.

La política nicaragüense aún gira en torno al ex marxista bigotudo, que guió al país después de que el Frente Sandinista de Liberación Nacional izquierdista derrocó a la dictadura militar de cuatro décadas de la familia Somoza.

Las continuas divisiones nacionales durante su gobierno, entre ellas una insurgencia derechista respaldada por Estados Unidos, dejó a la exuberante zona rural bañada en sangre.

“La decisión que los electores van a tomar el 5 de noviembre es una cuestión de supervivencia nacional”, indicó en una entrevista Eduardo Montealegre, candidato de la Alianza Liberal Nicaragüense. “Con Ortega no vamos a sobrevivir”.

Los discursos de campaña de Ortega son sus clásicos: llamados apasionados a los pobres de Nicaragua, uno de los países más económicamente desgastados del continente americano. Sin embargo, afirma que sus días marxistas son cosa del pasado.

Ortega intenta tranquilizar a algunos sectores del público al insistir en que su presidencia sería diferente esta vez. Habla de su deseo de domar al “capitalismo salvaje” al, por ejemplo, renegociar el acuerdo comercial que Nicaragua y otros países centroamericanos han firmado con Estados Unidos.

No obstante, activó las alarmas hace poco cuando criticó a los observadores electorales enviados por la Organización de Estados Americanos.

La presencia de muchos de sus fieles partidarios en la comisión nacional electoral despertó temores de fraude electoral.

Y cuando sale de gira al campo, Ortega aún insinúa fuertemente que la gente sin tierra debe tener parcelas propias.

Este enfoque, hasta cierto punto ambiguo, le ha ganado algunos nuevos conversos, aun cuando Ortega ha perdido el apoyo de algunos de sus partidarios de mucho tiempo que lo consideran un traidor a la revolución.

Lo que ayuda a la campaña de Ortega más que cualquier otra cosa es el sufrimiento que soportan muchos nicaragüenses.

A pesar de algunos logros —una considerable reducción en la deuda nacional y un crecimiento económico estable— muchos se sienten relegados de la recuperación del país y están dispuestos a darle otra oportunidad al populismo de Ortega.

El converso más prominente de Ortega es Jaime Morales, ex miembro de la guerrilla contra. Morales se ha unido a la campaña de Ortega como candidato a la vicepresidencia y ve un cambio en Ortega para bien.

“El Daniel Ortega de hoy no es el Daniel Ortega de hace años”, señala. “Puedo entender toda la ansiedad, pero tenemos que dejar de vivir en el pasado”.


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