José Orlando Padrón, quien cree que el humo de puro le trae suerte, se ha abierto camino a bocanadas por algunas situaciones difíciles en el transcurso de los años.
De joven se abrió paso con sus puros desde Cuba, donde su familia cultivaba tabaco en la cotizada región de Pinar del Río, hacia una vida en el exilio, en Miami. La mayoría de la tierra donde su abuelo comenzó a cultivar tabaco a fines del siglo XIX, y donde su padre continuó la tradición, fue nacionalizada por el gobierno de Fidel Castro poco después de la revolución que lo llevó al poder, en 1959.
En Miami, Padrón inició una pequeña compañía de puros propia. Padrón Cigars, en la Pequeña Habana de la ciudad, comenzó en 1964 con un solo empleado para enrollar puros. En ese entonces, Padrón vendía la producción del día por unos 30 centavos de dólar por puro a compatriotas exiliados.
No ha sido fácil edificar la compañía. Sus edificios han sido bombardeados y quemados en disputas políticas, en las que Padrón dice nunca haber participado. Sus cultivos en Nicaragua han sido destruidos por huracanes. Además, un embargo comercial de la era de Reagan contra Nicaragua le impidió vender lo que cultivaba.“Aún así, creo que soy afortunado”, expresó, al calcular la producción de este año en 5,5 millones de puros.
La compañía de Padrón ha crecido de manera constante a través de los años, al igual que su reputación. Los expertos de la industria habitualmente les dan a sus puros plenos de sabor algunas de sus calificaciones más altas. En la clasificación más reciente de la revista Cigar Aficionado de los 25 mejores puros del mundo, el Padrón 1964 Anniversary Series Exclusivo fue el número tres, detrás de un dominicano y un cubano.
A Padrón se le adjudica el crédito de ayudar a Nicaragua a convertirse en una estrella, cuando de tabaco se trata.
Después de la revolución en Cuba, la mayoría de los grandes productores del país cambió sus operaciones a la República Dominicana, pero Padrón tiene una fe ciega en Centroamérica, donde dice que las condiciones son más parecidas a las de Cuba. Once de los 25 puros de mejor calidad de Cigar Aficionado ahora usan al menos algo de tabaco nicaragüense.
Padrón, de 80 años, comenzó a trabajar en la granja tabacalera de su padre a los siete y aún es un administrador muy activo. Ahora va y viene de Miami a Managua y es una presencia constante en el piso de la fábrica, donde arranca hojas malas de la mesa con una mirada de desaprobación y deja un rastro de humo a su paso.
En los años 70, Padrón comenzó a cultivar tabaco derivado de semillas cubanas en la fértil región de Estelí, en Nicaragua. Pero la política interfirió.
En 1978, cuando los revolucionarios sandinistas combatían al dictador Anastasio Somoza, Padrón fue visto por algunos como simpatizante del tirano. Su fábrica nicaragüense fue incendiada.
No obstante, no dejó de fumar y, con el tiempo, volvió a producir puros en Nicaragua. Los desafíos que enfrenta en la actualidad parecen pequeños en comparación.
Padrón se burla de los avisos de salud que ahora se le exige poner en las cajas y que advierten que los puros acarrean los mismos riesgos de cáncer que los cigarros.
Padrón comparte la dirección del negocio con su familia: Jorge, Orlando, Rodolfo, Lisette y Elizabeth Padrón.
Se prepara para lo inesperado. “Un hombre de negocios piensa en todo momento, al enfrentar los problemas”, dijo entre bocanadas. “Yo lo hago mejor mientras fumo”.