Normalmente, cuando se trata de una nueva producción, la Ópera Metropolitana asigna una semana en el verano para los ensayos técnicos —sin orquesta ni cantantes— para las pruebas del set y el diseño de la iluminación.
Para el elaborado montaje de una historia sexy, violenta y fantasmagórica acerca de la unificación de China realizada por el Emperador Qin Shi Huangdi, en el año 221 A.C., que tiene un costo de más de tres millones de dólares, la Ópera reservó dos semanas.
Eso no parecía demasiado tiempo para construir y derribar la Gran Muralla china, que llenará el escenario para la producción de Zhang Yimou de la muy anticipada ópera nueva de Tan Dun, “The First Emperor” (El primer Emperador), programada para estrenarse el 21 de diciembre.
Entre sus desafíos del montaje está el hecho de que la Ópera Metropolitana trabaja con un equipo de producción predominantemente chino no angloparlante encabezado por Zhang, el cineasta más famoso de China (“La linterna roja”, “Héroe”, “La casa de los cuchillos”) . Las visiones teatrales de Zhang son lo suficientemente grandes y brillantes como para llenar la Ciudad Prohibida de Beijing, el pie de una montaña o un estadio olímpico.
“Es a una escala bastante grande, incluso para nuestro escenario”, afirmó Joe Clark, director técnico de la Ópera Metropolitana, quien ha supervisado el lado de producción de la compañía —escenografía, luces, sonido, efectos especiales, pelucas, trajes, maquillaje, mantenimiento del escenario, carpintería y electricidad— desde 1980. “Se parece a ‘Héroe’ en que en lugar de diez, hay 100 y todos deben funcionar perfectamente coordinados”.
Tan escribió la música para “Héroe” de Zhang, de la que “The First Emperor” es precuela.
Clark trabajó con el equipo de diseño de Zhang durante más de un año para ayudar a hacer que su visión funcionara con las realidades del escenario de la Ópera Metropolitana, que incluyen montar y desmontar un set el mismo día.
A final de cuentas, lo que importa es la expresión en el duro rostro de Zhang. Reconoce que no entiende del todo la ópera occidental.
Ha dicho que su comprensión de ella “es como los extranjeros ven la ópera de Beijing. Les gusta”, añadió, “pero no la entienden”.
En la Ópera Metropolitana, él quería hacer algo diferente a todo lo que había visto. Y lo que surgirá en el escenario es diferente. Alrededor de 250 bloques rectangulares de madera, algunos de hasta un metro de largo, están suspendidos de dos cuerdas cada uno. En la última escena, se convierten en los bloques con los que se construye la Gran Muralla. En el transcurso de la ópera, los bloques serán movidos, empujados, tirados, levantados y volteados, en ocasiones por los 90 miembros del coro y los 40 bailarines, para crear diferentes escenas.
Las rocas simuladas están suspendidas arriba y junto a una enorme escalera negra de aluminio que ocupa todo el largo y el ancho del escenario. La mayor parte de la acción se realiza en los escalones, que pueden volverse transparentes, lo que crea dos mundos visibles, uno encima de la estructura y otro debajo de ella.
Esos escalones plantearon un intimidante desafío que tuvo que ser abordado este verano, antes de que el set pudiera ser desmontado para esperar su retorno al escenario para los ensayos a fines de noviembre: cómo subir y bajar unos 150 miembros del coro, bailarines, músicos que tocan instrumentos tradicionales chinos y cantantes estelares (entre ellos el venerable Plácido Domingo) por los escalones de manera segura y elegante.
“¿Puede soportar esta plataforma a 40 personas?”, gritó el coreógrafo. “No”, respondieron, alarmados, Clark y su equipo en coro. Sólo algunos bailarines subieron a la plataforma.
En cuanto al futuro de la Ópera Metropolitana, ¿ayudará “The First Emperor” a incrementar las ventas de boletos al atraer a públicos multiculturales más jóvenes y al mismo tiempo conservar la atención de asistentes más tradicionales? ¿Debe la ópera cambiar para ser acogida por una nueva generación global? Zhang y Tan creen que sí.
“Creo que podemos atraer a una generación más joven de ambos lados del mundo”, comentó Zhang. “La parte visual, los elementos del escenario, son muy importantes para ellos”.
Agregó Tan: “Esperamos que a través del contacto visual y musical, el pueblo estadounidense y el chino puedan ser buenos hermanos, así que será bueno para la gente y para la ópera. Es mucho mejor que en el contexto deportivo, porque los deportes son competitivos —una lucha— mientras que la ópera es unidad y armonía”.