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Edición del DOMINGO 8 de Octubre del 2006 EL UNIVERSO inicio e-mail
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El divorcio significa algo muy distinto para los padres y para sus hijos
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Ángela Marulanda | www.angelamarulanda.com

Reconocer que el divorcio o separación es un evento traumático para la familia no significa estar en contra del mismo.

Ojalá no hubiese  rompimientos matrimoniales y todos los niños crecieran en hogares intactos y armoniosos. Pero la separación conyugal es una realidad inevitable hoy y, en algunos casos, es el menos peor de los males. Los hijos se benefician cuando se terminan aquellas uniones en los que cada uno de los cónyuges aporta más antagonismo que amor a su relación de pareja.

Aunque pocas experiencias son tan devastadoras para la vida de un niño como el final de la unión de sus padres, también se sabe que este hecho no tiene por qué arruinarles definitivamente la vida a los hijos,  sin embargo, a menudo lo hace. Los hijos de padres separados tienen por lo general un camino más arduo que recorrer, pero con la ayuda apropiada pueden llegar a realizarse tanto como quienes han crecido en hogares intactos.  En la historia abundan los nombres de personajes que, a pesar de haber vivido experiencias deplorables a lo largo de su infancia, han llegado a ser inmortales por sus contribuciones a la humanidad, en parte gracias a los atributos que desarrollaron como resultado de las desdichas que vivieron en su infancia.

Es curioso que si bien los padres somos hoy bastante conscientes del sufrimiento que les causa nuestra separación, la mayoría de las parejas no se dan cuenta de los efectos tan nocivos que tienen sobre ellos sus peleas constantes mientras viven bajo un mismo techo. Como para los padres su relación de pareja es algo totalmente distinto a su relación con sus hijos, creen que la guerra entre ellos, si no llega a una separación definitiva, no tiene por qué herirlos. Pero como para los hijos la relación entre sus padres y su relación con ellos son una sola cosa, crecer en un hogar en el que reina la hostilidad o se percibe el fastidio entre su papá y su mamá es una experiencia muy destructiva. Aunque simulen que todo está bien, los niños se dan perfecta cuenta de la gravedad de los problemas entre nosotros, sufren en silencio y se ven afectados por el malestar e incertidumbre en que crecen. Esto significa que la clave no es vivir juntos, sino esforzarnos por vivir felizmente unidos para siempre.

La terminación de un matrimonio es una experiencia muy dolorosa para los hijos, que los hará sentir fraccionados y los privará de la estabilidad que les da la solidez de nuestra unión. “Hasta un buen divorcio reestructura la niñez de los chicos y los deja navegando entre dos mundos distintos. De pronto, es tarea de ellos y no de sus padres tener que entender y adaptarse a estos dos mundos, que por lo general van en contracorriente. De tal manera que, por más de que las separaciones o divorcios se hayan generalizado y que sean a veces necesarios, no dejan de ser un suceso desgarrador para los niños porque para ellos sus padres son un solo ente, una unidad indivisible. Harold Kushner ilustra este punto cuando afirma que como “el matrimonio crea un nuevo ser conformado por dos individuos distintos y, por más de que sea legal y a veces necesario, significa la separación quirúrgica de dos almas que se han fundido en uno solo ente en virtud del matrimonio”. Por nuestro bien y por el de los hijos vale la pena todo esfuerzo encaminado a arreglar y fortalecer nuestra relación, o en caso irremediable, a terminar no solo con el matrimonio sino con los resentimientos entre nosotros que hacen que el dolor se perpetúe para nuestros hijos.


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