La Revista - Logo
Edición del DOMINGO 8 de Octubre del 2006 EL UNIVERSO inicio e-mail
::::::::: M E N Ú ::::::::::
    Portada
    Moda
    Decoración
    El especialista
    Piqueo de la semana
    Creciendo
    Interfaz
    Cuerpo y Alma
    Destino
    Sabor
    Orientación
    Arte
    Historia
    Salud
    Gastronomía
Gastronomía 
¿Por qué Epicuro?
ampliar imagen ampliar imagen

Truchas en salsa de vino tinto (acompañar con un Sirah).
Imprimir esta noticia
Texto: Epicuro | epicuro@eluniverso.com

Recibo siempre preguntas acerca del tema, veo que la mayoría de mis lectores consideran a quién se dice epicúreo  como voluptuoso empedernido, sibarita desatado, por no decir partidario de las travesuras clintonianas en el salón ovalado.

Si buscamos en el diccionario de sinónimos, llegamos a términos como epidérmico, concupiscente, carnal o lascivo.

Al escoger mi seudónimo, quise rendir homenaje a quien fue más bien enemigo de los excesos, buscador de un placer plácido, sólido, sin perturbaciones inútiles. Quizás se confunda epicureismo y hedonismo, aquella filosofía que considera al placer como la meta de cualquier vida. Pensar que el bien es el disfrute y el mal  el dolor resulta ser  limitación lamentable.

La felicidad humana, muy compleja  abarca todo tipo de satisfacciones, desde las más sublimes que culminan en el arte, la literatura, la música, la contemplación, el deporte, hasta las más sensuales manejadas con cultura, finura, sutileza. Comer, necesidad vital, se vuelve arte de vivir.

Grandes genios universales dejaron su nombre a libros de cocina o recetas: Toulouse Lautrec, Monnet, Cezanne, Alejandro Dumas, Rossini, entre tantos. Beethoven, a la hora de su muerte, pidió que le trajeran una botella del excelente vino de Mosela.

Epicuro tiene frases de sumo interés para quienes buscan el arte del buen comer: "Lo importante no es aumentar las riquezas sino disminuir los deseos". En otras palabras no es la cantidad de botellas que vaciamos la que importa sino nuestra evaluación del vino, el placer de compartir, el conocimiento cabal de una cata.

Quien se emborracha ofende al vino, lo que molestaba mucho al cuerdo Epicuro. El filósofo hablaba de prudencia, moderación. La naturaleza, en su sabiduría, castiga los excesos en el trago con molestosas resacas, el famoso "chuchaqui" , dolor de cabeza, náuseas, vómitos, alboroto, violencia, coma etílico. Sobrepasarse en la comida provoca indigestiones, problemas estomacales, hepáticos, sencillamente saturación.

La tranquilidad de ánimo que buscaba Epicuro se basaba en una "ausencia de perturbaciones" a la que podríamos calificar como el verdadero bienestar de un almuerzo equilibrado. Lo esencial no sería la satisfacción inmediata de un instinto para el cual existe el verbo "tragar" sino la tranquila regulación que nos lleva a saborear, a disfrutar de una buen compañía, un sitio agradable, una vajilla de color y material agradables.

Las recriminaciones de ciertos religiosos que llegaron a considerar la comida como debilidad de la carne, obstáculo en el camino que lleva a la santidad vienen a constituir otro tipo de exceso. Leer al santo Josemaría Escrivá de Balaguer basta como lamentable muestra. Las delicias gastronómicas se volvieron para él instrumentos diabólicos.

Confundir la más brutal animalidad con la apreciación sabia, mesurada, de un plato es desconocer la gastronomía como arte, pues cocinar es proporcionar felicidad a nuestros invitados. La sensualidad no es necesariamente "dolce vita" ni tampoco el banquete de Trimalción descrito por Petronio.

El "vomitorium" al que acudían los romanos para liberar sus estómagos saturados nos hace reír ahora, pues no hay espectáculo más lamentable que el ofrecido por un beodo empapado en alcohol, totalmente reducido a su íntima estupidez.

Lo mismo comentaríamos a propósito del placer sexual que puede basarse en una "gastronomía de la ternura" o  un "asalto a sexo armado". Epicuro, dando primacía al disfrute espiritual sobre el sensible mostraba el camino hacia el  verdadero placer de comer o de beber.

Todo, finalmente, se resume en  equilibrio del cuerpo, el espíritu, el alma. Dios puso a  disposición de los seres humanos  manjares exquisitos. Los terrícolas inventaron la gastronomía, cocieron sus alimentos, alzaron el más humilde ingrediente hasta el más sublime sabor. Basta con probar el manjar más simple, talvez las tortitas de polenta de Carlos Colombara o el carpaccio de lenguado de Muriel.

Para quienes quieran leer uno de los más hermosos textos jamás escritos, les  recomiendo buscar en yahoo la Carta a Meneceo escrita por Epicuro: una norma maravillosa de vida.


© Derechos Reservados 2004 Compañía Anónima EL UNIVERSO. Todos los Derechos Reservados