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| Iguales, pero diferentes |
Texto: Mariví Fierro
Existe diversidad en muchos aspectos del ser humano que deben ser aceptados y respetados para lograr una sana convivencia en sociedad.
Cuando somos nuevos empleados en una compañía, nos cambiamos a otro vecindario, y en general, nos rodeamos de un ambiente con rostros nuevos y formas de pensar distintas a las nuestras, nos puede costar adaptarnos.
¿Por qué ocurre esto? Sencillo, en realidad no estamos experimentando la regla de oro de una sana convivencia y es el hecho de tener que aceptar y respetar las diferencias entre todos.
Y si estas diferencias se tornan más contrastantes aún, es decir, cuando en nuestro entorno (casa, trabajo, círculo social) existen personas de diversa religión, clase social, con impedimentos físicos, entre otros, esa aceptación puede resultar un poco más difícil de lograr. Este tipo de intolerencias, en el mundo entero, han traído terribles consecuencias... Así lo han manifestado los líderes mundiales: "Hoy el terrorismo amenaza a todas las sociedades y a todos los pueblos (...) Pero si el mundo puede demostrar que seguirá adelante, que perseverará para crear una comunidad internacional más fuerte, más justa, más generosa y más auténtica por encima de las diferencias de religión y de raza, el terrorismo habrá fracasado", dijo Kofi Annan, secretario general de las Naciones Unidas.
Un pensamiento que refleja hasta dónde puede llevarnos una postura egoísta y sin valores.
El camino recorrido Para el sociólogo Rafael Quintero, los ecuatorianos hemos avanzado en el camino de la tolerancia a un paso lento en el transcurso del tiempo. "Frente a las ideologías coloniales del siglo XIX somos otros. Solo recordemos que hasta 1929 la mujer no podía sufragar. Los ejes de ideologías predominantes en el Ecuador, el racismo, el elitismo y la concepción tradicional de la autoridad, aún son fuentes de intolerancia que no nos permiten desarrollarnos", reconoce.
Pero ¿qué le hace falta al ecuatoriano para cultivar valores elementales como el respeto a los demás?
El psicólogo clínico Óscar Nieto está convencido de que en los hogares es donde se deben cultivar los valores esenciales, y más aún ahora, cuando día a día los niños se enfrentan a un mundo lleno de prejuicios. Pero advierte que tampoco se debe aislar a los pequeños de la comunidad a la cual pertenecen. Si lo hacemos estaríamos sembrando en ellos actitudes de temor, aislamiento e individualismo. "El hecho de formarnos como seres individualistas desde ya nos va formando, inevitablemente, en el camino del prejuicio. Empezaremos a transgredir nuestra capacidad de amar, de tolerar, de respetar y valorar las diferencias".
Falta por recorrer El antropólogo Fernando García, coordinador de su especialidad en la Facultad Latinoamericana de Comunicación Social (Flacso), cree que en el Ecuador el camino por recorrer para llegar a la aceptación del otro aún es extenso y esta situación se debería principalmente a dos factores: la desigualdad económica y la exclusión étnica cultural, de edad, género y orientación sexual.
"Los ecuatorianos hemos avanzado muy poco con respecto a este tema", indica. Y coincide con el psicólogo Nieto en trabajar primero con los niños desde casa. "Es un proceso largo que implica cambios de percepción cultural que deben ser trabajados desde temprana edad", afirma.
Pese a todo este análisis, la sociedad ecuatoriana se muestra un poco más tolerante, pero en relación con otras épocas, específicamente en lo que tiene que ver con las diferencias culturales y raciales. Este panorama, a criterio del antropólogo, se ha logrado por mérito de algunas agrupaciones y movimientos, entre ellos, la afroecuatoriana y el movimiento indígena. A través de las luchas de ambos grupos especialmente desde 1990, refiere, "pasaron de ser actores sociales invisibles a actores políticos que son tomados en cuenta".
En cuanto al racismo, García no es tan optimista, pues asegura que este aún se mantiene. "A los ecuatorianos todavía nos hace falta cultivar mayor respeto hacia la raza negra, lo cual va más allá de la tolerancia. Tenemos que aprender a convivir entre diferentes. Todo ecuatoriano tiene derecho a recibir un ingreso digno, educación, salud, servicios básicos, y también tiene derecho a mantener su propia lengua, cosmovisión, tradiciones e identidad", señala.
Desde el sistema educativo Según los entrevistados, es vital que el cambio de mentalidad parta también de los maestros, y en general de todo el sistema educativo, de donde se imparten los valores esenciales y se fomentan las buenas actitudes.
Y este trabajo se debe dar en todas las relaciones sociales a fin de que el respeto abarque también la interculturalidad de todos los pueblos, es decir, de nuestra diversidad cultural, como lo propone el sociólogo Rafael Quintero.
"Tenemos que reconocer que existen diversos dialectos e idiomas en el Ecuador, muy pocos ecuatorianos lo saben. Si aprendemos por ejemplo quichua, estaré enriqueciendo la posibilidad de relacionarme con lo diverso".
Pero ningún cambio se logra de la noche a la mañana y sin hacer esfuerzo. Es vital que hagamos una introspección y nos demos cuenta cómo es nuestra actitud con el que tenemos a lado. El ejemplo parte desde casa...
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