El actor mexicano dialoga hoy con el público en el MAAC Cine, donde a las 19h00 se exhibe el filme La ley de Herodes. Entrada libre.
La amistad de Damián Alcázar con el Ecuador comenzó hace tres años, cuando protagonizó el filme Crónicas, a las órdenes del director ecuatoriano Sebastián Cordero. Conoció casi todas sus regiones, caminó por los mercados de Guayaquil para construir su personaje. Palpó la realidad de esta y otras ciudades.
Y desde entonces ha vuelto un par de veces. Una para recorrer Esmeraldas. El año pasado estuvo en Quito como jurado del Festival de Cine Cero Latitud. Y este año llegó nuevamente. Ya no como jurado, sino para dictar un seminario sobre actuación para cine. Pero antes, como una actividad de la misma cita fílmica, está en Guayaquil. Esta noche participa en el programa Lección de Cine y Democracia.
A las 19h00, en el MAAC Cine (malecón Simón Bolívar), presenta una de sus más celebradas películas: La ley de Herodes, cinta de 1999 del director Luis Estrada, que retrata de manera irónica, descarnada, la corrupción política en el México de mediados del siglo XX, y que es también una diatriba contra el poder.
"El poder no enaltece, toma a la persona, la sacude, la cambia y esa persona ya no queda igual", dice Alcázar, quien luego de la proyección de La ley de Herodes dialogará con el público. La entrada es libre.
En México la cinta fue censurada, pero esa censura permitió que se hable mucho de ella en los medios de comunicación y que, finalmente, se difundiera. "Es una farsa política y es una de las mejores películas mexicanas. Está bien escrita, bien dirigida y se produjo con poco dinero, pero parece una superproducción", manifiesta el actor.
Para construir su personaje, un hombre con buenas intenciones que experimenta lo que es el poder y luego se transforma hasta volverse irreconocible, cuenta que agarró muchas frases del presidente, de los diputados, de los senadores. "Estaban ahí. Todo era cuestión de transformarlas y hacerlas salir por la boca de este hombre", dice. Anota que en todos los diarios están las frases de los cómicos políticos, como él los llama.
De la cinta tiene dos opiniones y las da a conocer: "La personal es que aprendí que uno tiene que afrontar sus convicciones, respaldarlas, exponerlas, porque finalmente mi trabajo como actor es poder hablar por los que no lo hacen, y ser cuidadoso y estar muy pendiente de lo que ocurre no solo en mi país sino en el mundo". Como público la disfrutó. Cree que las tragedias hay que tratarlas de manera festiva, "porque si no, sería terrible".
Alcázar sostiene, tal como lo plantea la película, que en las sociedades siempre hay impunidad, nada se castiga. "Por el contrario, hay premio y eso ocurre sobre todo en nuestros países, donde la palabra democracia ni la entendemos ni la ejercemos los ciudadanos y mucho menos los políticos. Ellos sienten que hay una democracia que está en la cúpula y que esa es la que hay que salvar, pero no entienden que la democracia es más bien hacia lo popular, con las masas".