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Edición del DOMINGO 15 de Octubre del 2006 EL UNIVERSO inicio e-mail
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Teatro Experimental FITE-Q
Lo que se verá en Guayaquil

Texto: Clara Medina

De Guayaquil a Quito, vía Alemania, la actriz Rossana Iturralde se convierte en promotora del teatro vanguardista.

¿Se acuerda de mí? preguntó la actriz Rossana Iturralde, y Angelita Mateus contestó ¡claro!, ¿cómo no me voy a acordar?, siempre leo de tus triunfos en el periódico. Angelita fue la vicerrectora del Liceo Panamericano en la época en que la actriz era una adolescente, una estudiante aplicada, “come libro”, que aún no daba señales de su vocación por el teatro, pero que poseía ya ese espíritu vehemente y emprendedor que luego la llevó a edificarse una sólida carrera teatral y a organizar, desde hace siete años, el Festival Internacional de Teatro Experimental, FITE-Q, un encuentro de artes escénicas que reúne, cada año, en Quito y Guayaquil, a las compañías más importantes de la vanguardia mundial.

“Era muy señorita y como alumna, brillante”, responde Mateus cuando se le consulta sobre su ex alumna, aunque la propia Rossana tenga recuerdos menos compasivos. “Yo era terrible, estudiosa sí, pero tenía rojo en conducta”, dice. Al Liceo Panamericano llegó luego de estar en otros colegios durante la primaria. De uno tuvo que salir por reclamona. Cuenta que una de las monjas tenía una sobrina a la que regañaba constantemente. Hasta que un día Rossana no pudo más y le espetó: ¿cree que porque es su sobrina la puede maltratar? Consecuencia: castigo por altanera y la sugerencia de la superiora de que el próximo año mejor la cambiaran de colegio. “En la escuela yo era un monstruo, nadie me soportaba y hasta ahora hay gente que no me soporta”, dice entre risas.

Tercera de una familia de cuatro hermanos, la actriz señala que nunca fue aniñada, pero que sus padres decidieron ponerla en el Liceo Panamericano y allí hizo toda la secundaria. Fueron tiempos muy familiares, de travesuras juveniles, como por ejemplo lanzarle besos a los guardias de seguridad, policías de tránsito y a todo uniformado; y de estudio, pero también de dolores. Su hermano mayor, Mario, falleció cuando ella tenía 16 años. Un gran golpe. Un acontecimiento que la marcó.

Comenta que la única señal artística que quizás dio en esa época fue interesarse por la opción de artesanía, pero en el colegio le dijeron no, tú eres para mecanografía, así que aprendió a escribir a máquina rapidito y también taquigrafía, que hasta ahora la utiliza. Nunca participó en una representación teatral, lo que sí hacía era estudiar y ayudar con las pollas a sus amigas vagas, que de paso eran sus mejores amigas. Ella era estudiosa. Una nerd, pero extrovertida.

Su encuentro con el teatro se dio en la Universidad Católica y de una manera casual, no porque ella sintiera el especial llamado del arte, como suelen decir algunos. Estudiaba arquitectura y cantaba en el coro de la institución. Un día estaba con sus amigos en el bar y se acercó un señor alto, que resultó ser Ernesto Suárez, director del grupo de teatro de la universidad y del entonces famoso El Juglar. Le dijo que por qué no probaba en la actuación porque tenía mucha presencia y la invitó a una función en el aula magna. Allí vio un monólogo del italiano Darío Fo, interpretado por Roosevelt Valencia, del grupo El Juglar, y se quedó sin habla, realmente impresionada. Poco después Suárez abrió inscripciones para un curso de teatro en la universidad y Rossana ingresó.  Desde entonces no ha dejado la actividad escénica. De eso hace 25 años.

Primero estuvo en el Teatro de la Universidad Católica (TUC), luego en El Juglar y después en el grupo Saltimbanqui, que formaba con Oswaldo Segura y Taty Interllige. Posteriormente decidió irse a Alemania, donde se quedó por dos años y seguía practicando el teatro, pero ella quería estudiar artes escénicas en Europa con una beca, de modo que regresó a Ecuador y se instaló en Quito para tramitarla. Justo en ese entonces se enamoró, se casó y tuvo a su primer hijo: Sebastián, que es además el único. Él ahora tiene 20 años y estudia música.

Rossana se radicó definitivamente en la capital, participó en obras de teatro, series de televisión y en películas como La Tigra, del director Camilo Luzuriaga. Formó también la Corporación Teatral Tragaluz, junto a otras actrices. En 1993 se fue nuevamente del país, esta vez a Madrid, para estudiar teatro. Pero ya no fue sola, viajó con su hijo Sebastián, entonces de 7 años. Cuando volvió continuó su trabajo como actriz e hizo montajes memorables, como La edad de la ciruela, obra que ha gustado mucho y con la cual ha realizado giras internacionales. Esta semana viajó con ella a los festivales de Manizales y Medellín, en Colombia.

La vida de Rossana estaba inmersa ciento por ciento en la actuación hasta que una llamada telefónica en 1999 la modificó. La directora de Cultura del Municipio de Quito la convocaba para que se hiciera cargo de la dirección del Festival Internacional de Teatro que organizaba esa institución. “No me hubieran encargado un festival si no hubiesen sabido que lo podía dirigir”, refiere.

Fue el comienzo de su actividad como promotora teatral. Dice que después el Municipio tercerizó el festival y ella lo tomó a su cargo, porque se enamoró de la idea. Fue cuando lo  convirtió en el  Festival Internacional de Teatro Experimental, FlTE-Q. A través de este puede traer a las mejores compañías, a las que siempre admiró y fueron como sus escuelas, y contribuir a que en este país pase algo a nivel teatral.

“Es maravilloso hallar algo que te enganche, que te haga clic, a lo que le pongas todas tus energías”, refiere Rossana. Se queda hasta la madrugada planificando, contestando correos, haciendo proyectos. Cuenta que trabaja de una forma tan obsesiva que llega el momento en que ella misma tiene que reprenderse y decirse: <basta, me voy a dormir>. Pero ¿por qué el teatro experimental? “Porque a mí como espectadora y como actriz me convoca”, indica. “El teatro experimental permite investigación, hurgar en nuevos códigos, profundizar en lenguajes y contenidos”, dice.

Esta edición del festival cuesta 450.000 dólares y la  auspician los municipios de Quito y Guayaquil y el Ministerio de Educación. Vendrán doce compañías internacionales, varias de  las cuales  actuarán en Guayaquil. Aspira a que llegue el día en que todos los grupos que se presenten en Quito arriben también a esta ciudad y a otras del país, pero para eso, indica, necesita más empresas que apoyen el proyecto.

La cita escénica 2006 suma novedades: la publicación de una revista y el premio para un proyecto teatral en marcha de un colectivo  capitalino. El galardón, que ya fue adjudicado por un jurado, lo obtuvo el grupo La Totora. Consiste en 3.000 dólares. Dice que uno de los aspectos que hay que apuntalar en el Ecuador es la creación.

El 18 de octubre se abrirá el telón en Quito. El 19, en Guayaquil. Rossana y el comité técnico del festival ajustan los últimos detalles. La chica del Liceo Panamericano, que ahora es promotora del teatro de vanguardia en el Ecuador, afirma que sus 25 años de trabajo en el teatro son su carta de recomendación: “No tengo dinero, pero sí un prestigio que me ayuda a salir adelante en mis proyectos”, dice con seguridad. Con la misma seguridad que asume cada reto.


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