Que El Gourmet pueda volver a ser el restaurante preferido de la ciudad me parece posible, hasta plausible, pero afirmo perentoriamente que en estos últimos meses no lo ha sido, por más que lo revele una encuesta. El paso del chef Poulain se hizo sin pena ni gloria, con precios elevados hasta las nubes (hasta $ 50 por un solo plato fuerte).
Creo que a veces olvidamos que estamos en Guayaquil y no en París o Nueva York. Lógicamente la clientela disminuyó, hubo que pensar en nuevas estrategias. Epicuro nunca olvida aquella salsa bearnesa realizada sin estragón, lo que equivalía a elaborar un cebiche de corvina con vinagre en vez de usar limón. Eso es imperdonable en cualquier lugar de buen comer y no hay ni habrá, que yo sepa, disculpa aceptable.
El banquete para el lanzamiento del Beaujolais nuevo estuvo regular y no volví a pisar El Gourmet.
Decidí regresar el día sábado 30 de septiembre para ver si las cosas habían cambiado: les tengo buenas noticias. El nuevo chef, con el que pude conversar, es un hombre jovial, de amplia trayectoria internacional y presumo que elaborará una nueva carta a partir de sus gustos personales.
Por lo pronto, James Portrusching, canadiense, demuestra su saber al preparar los platos actualmente existentes y llega con buenas ideas. La gerencia del hotel bajó sus precios a un nivel razonable, la nueva decoración es refinada, agradable, el personal se distingue por ser uno de los mejores de esta ciudad. Hay una atención, un ambiente que favorecen el bienestar de los comensales.
Comentaré en otra oportunidad las conclusiones de la encuesta, pues hay mucha tela que cortar y también restaurantes que fueron lamentablemente eliminados de la lista de concursantes. El resultado para Epicuro es de tomar con calma, prudencia, suma reserva. Fue la razón por la que nunca me atreví en mi columna a decir cuál es el preferido, prefiriendo decir cuáles son los buenos.
James Portrusching presenta sus tournedos Rossini con el debido sabor, si bien es cierto que no podemos, en Ecuador, permitirnos una orgía de trufas negras. La carne estuvo en su punto y la presentación del plato irreprochable.
El milhojas de foie gras en salsa de oporto con uvas también es recomendable, pues el éxito depende esencialmente del grado de cocción que permite guardar al producto su sabor esponjoso y delicado.
Sabemos que Chivería elabora hígados que nada tienen que envidiar a los de Europa. Los postres son pobres. El Gourmet no debe presentar aquellas decepcionantes rebanadas de banano caramelizadas acompañadas de pastelitos cargados en colorantes. ¡Fatal!
Los precios, por pertenecer a un hotel de cinco estrellas, son correctos. Nuestra planilla para dos personas fue de $ 54, con IVA y servicio. No estoy incluyendo el vino, un Achaval Ferrer Quimera 2003 complejo, muy aromático, con violeta, mora, tono casi negro, taninos poderosos suavizándose pronto en copa, perfume retronasal insistente, final interminable y, a juzgar por sus lágrimas gruesas, de excelente cuerpo.
¿Lo que más deseamos? Pues que El Gourmet se convierta en poco tiempo, bajo la batuta de James, en el mejor restaurante de Guayaquil.